Mostrando entradas con la etiqueta PuntoPositivo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PuntoPositivo. Mostrar todas las entradas

viernes, enero 10

Punto Positivo

La última hora

Vi el reloj y me di cuenta de que nos quedaba una hora para disfrutar el último momento de las vacaciones en Manzanillo, Colima, antes de tomar nuestro camino de regreso a la ciudad de México.

En esos últimos minutos quise hacer todo lo que en los diez días anticipé haría, mas el tiempo se me fue en… ¡no sé qué!, y logré hacer muy poco. Por ejemplo, anticipé que me tendería horas sobre la arena sólo a leer y leer. La realidad es que nunca lo hice y ni siquiera terminé el primero de los dos libros que llevé.

Si bien disfruté mucho del mar, el sol y la convivencia con mi familia, en el momento en que me hice consciente de que nos quedaban sólo 60 minutos en ese paraíso, me pareció que todos sus colores brillaban con mayor intensidad. En esos instantes atesoré cada partícula de luz, quise devorar los libros, beberme el azul turquesa del mar, inhalar toda la brisa marina y saborear hasta el límite la gastronomía local.

Pero el tiempo pasa y pasó muy rápido, así que todo lo anterior lo aprisioné en esa hora, que dicho sea de paso, gocé. Y la gocé como un cerillo que al iluminar se acaba. Despierta, consciente y en el presente me arrepentí de no haber pasado de esa forma los diez días anteriores. Aunque me percaté de que ésa era la manera en que podemos extender el tiempo.

A Ignacio, mi abuelo, le sucedió lo mismo: “así deberíamos vivir la vida, como si fuera la última hora de la vacación”, me comentó. ¡Qué razón tiene!

En la vida como en las vacaciones, damos por hecho los años interminables que nuestra mente coloca frente a nosotros, y de este modo entramos en una especie de trance en el que aunque disfrutamos, no lo hacemos con la misma intensidad con la que lo haríamos si fuéramos conscientes de que quedan sólo 60 minutos.

¿No acaso vivimos dormidos la vida entera? ¿Qué pasaría si nos dijeran que tenemos sólo 60 días de vida? Esto lo he pensado al recordar el gran ejemplo que mi querido amigo Daniel nos dejó durante los dos años que luchó cual guerrera, con una serenidad de monje zen, frente a un cáncer que se lo llevó en los últimos días de 2012.

Era un joven inteligente, fuerte, con un gran talento para escribir, pero, sobre todo, con deseos enormes de vivir. De el tuve el privilegio de aprender lo que es coexistir con una enfermedad de manera digna y, diría yo, hasta elegante. Nunca lo escuché quejarse y siempre fue generoso en su amistad y en su actitud.

Daniel, profundo y sensible como era, debió valorar cada instante de sus días, con la sospecha de que quizá serían los últimos.

En esos instantes de reflexión en los que despierto y valoro la vida al máximo, vienen a mi mente mis seres queridos que ya se fueron, y lo único que pienso es “cuánto les gustaría estar aquí”, “cómo gozarían este momento”. Y me pregunto en qué radica la ceguera del ser humano para valorar cada instante, cada regalo que la vida nos da. ¿Cómo mantenernos despiertos al milagro que es abrir los ojos en la mañana y tener un glorioso día por delante? ¿Qué necesitamos hacer para mantenernos presentes, conscientes y agradecidos?

La vida, como las vacaciones, pasa como tren bala, decimos saberlo, pero ¿qué hacemos para extender el tiempo?

Mantenerme despierto es mi único propósito para este 2014. ¿Y el tuyo?

viernes, octubre 25

Punto Positivo

Todo es percepción

Ramón de cuatro años, agarrado del tubo dorado del caballito se limpia un par de veces las manos en el pantalón antes de que el carrusel comience a funcionar. Está nervioso. A distancia, el gran aparato lleno de luces, música, espejos y colores, lo ilusionó mucho. Sin embargo, ahora, arriba del caballo y en espera de que el juego arranque, el panorama se ve distinto.

De pie a su lado, le hago sentir que lo sostengo por la cintura. Ramón al inicio, no sonríe ni se suelta del tubo para saludar a sus papás que esperan afuera. A pocos minutos, ya saluda con dos manos y una gran sonrisa. Al detenerse el juego mecánico, quedó fascinado, “Me gustaría llevarme todo el carrusel a mi casa… pero no cabe”, me dijo. Me hizo prometerle que otro día regresaríamos para subirnos otra vez.

Ay Ramón  a mi me gustaría llevarme el mar a mi casa, pero tampoco cabe; me gustaría llevarme un atardecer a mi casa, o el campo completo cuando está verde, ¡pero no caben! “Ajá”, me decía tomado de mi mano mientras brincoteba de regreso al coche.

En cuestión de 15 minutos, su perspectiva sobre el Carrusel cambió varias veces; de Ilusión, a temor, a gozo y ahora a añoranza. Así es la vida…no hay acontecimientos, sólo percepciones. Para una persona miedosa, sólo habrá peligros en la vida. Para una persona optimista, sólo posibilidades. Quien tiene ojos de amor, buscará ver la belleza y la verdad en las cosas. Todo es percepción. Tu infancia es percepción. Las vacaciones fueron percepción. Ayer es percepción. La esperanza es percepción. El amor es percepción. Y ésta, entra por los sentidos.

El privilegio de poder ver, resulta de tener seis músculos delicados pero muy poderosos en los ojos que pueden realizar más de 100 mil movimientos al día. Iris, retina y nervios ópticos se organizan para enviar la información al cerebro a una velocidad asombrosa. Esto nos da, de acuerdo a los expertos la percepción de las cosas; sin embargo, bien visto esa información no es del todo física, es mental.

La primera ley de percepción es que ves lo que quieres ver. En 1961, el antropólogo Colin Turnbull, se dedicó a estudiar a los Pigmeos. Tomó a uno de ellos y lo sacó del bosque cerrado donde suelen vivir y lo llevó ante una gran planicie abierta en donde se podía ver una manada de búfalos a distancia. Nunca antes había visto cosa igual. Su vista no había sido expuesta a la profundidad de campo, por lo que no podía creer que fueran búfalos. “Deben de ser hormigas”, el pigmeo insistía.

Su percepción veía lo que estaba condicionado a ver. Lo mismo nos sucede todos los días. Tus ojos ven los objetos, pero tu mente es la que decide en qué enfocarse. Sólo hasta que te compras un coche rojo, notas la existencia de otros. Bueno, de hecho, no ves el mundo como es, lo que ves son tus pensamientos. Es por eso que percepción es proyección.

Esa es la diferencia entre una persona amargada y otra optimista. Es por eso que nunca se ponen de acuerdo sobre la visión de la vida. Uno no ve esperanza en nada, mientras el otro es exacto lo que ve. Y lo curioso es que de esta manera escogen su forma de vivir.

Siempre hay otra forma de ver las cosas. Partamos de que nuestros ojos parpadean alrededor de unas 25 veces por minuto, así que tenemos unas 25 oportunidades por minuto de ver las cosas de diferente modo. Así como un niño, que ante la misma experiencia cambia varias veces por completo su percepción; en nosotros está el elegir y vivir la vida que queremos.



No hay acontecimientos, sólo percepciones…

viernes, octubre 18

Punto Positivo

Cómo está tu influencia social

¿Qué tanta es tu influencia social?

¿Sabías que con sólo tres palabras la industria hotelera ha logrado que cada vez más personas colaboren con el reciclado de toallas y el cuidado del ambiente? ¿Sabes cuáles son esas tres palabras? Conocerlas no sólo ayuda a los hoteleros, sino a cualquiera de nosotros que busque persuadir, sin importar a qué nos dediquemos.

Todos los días nos enfrentamos al reto de conmover a otros para lograr lo que deseamos. Esto se refiere tanto a la mamá que busca convencer al hijo para se coma el brócoli o al adolescente que quiere un permiso de los papás, como al candidato que busca un voto o al vendedor de un producto o servicio.

En los últimos años, varios científicos han estudiado cómo obtener un “sí” de las personas. Me pareció interesante leer uno de tantos experimentos realizados al respecto en el libro YES! 50 secrets from the science of persuasion, de Noah J. Goldstein, Steve J. Martin y Robert B. Cialdini, y que a continuación comparto.

Se trata del poder que tiene lo que en psicología social se conoce como “influencia social”, una poderosa herramienta que los mercadólogos conocen muy bien y que, sin embargo, muchos desconocemos, en especial ignoramos su peso en nuestra toma de decisiones.

¿Qué es la influencia social?

En pocas palabras se refiere a cuando una persona duda si llevar o no a cabo una acción y busca fuera de sí misma para ver lo que otros hacen, asumiendo que las demás saben más que él, para así guiar su decisión.

Existen cientos de experimentos que comprueban ese mecanismo. En uno de ellos el asistente de un investigador salió a las calles de Nueva York y volteó a ver el cielo durante 60 segundos. La mayoría de la gente lo rebasaba sin hacerle el menor caso, pero cuando se agregaron cuatro personas más, de inmediato se aglomeró un buen número de personas para “ver” aquello que los otros veían.

Otro ejemplo de esa conducta es el incremento de las ventas de los productos anunciados en los infomerciales cuando en su publicidad sustituyeron las palabras “llame ahora, nuestras operadoras esperan su llamada”, por “si marca y está ocupado, por favor insista”.

Lo curioso es que cuando se les pregunta a las personas si la conducta de otros influye en la suya, lo niegan rotundamente.

Regresemos a la tarjeta de hotel que invita al reciclado de toallas. Con seguridad te has encontrado una de ellas. ¿Qué te motiva a colaborar en dicha misión? ¿El apoyo al medio ambiente? ¿El respeto a la naturaleza? En la superficie, esa es la razón que a todos motiva, o al menos a algunas personas al menos una vez durante su estancia.

Para demostrar el poder de la influencia social y con la colaboración del personal de un hotel, el profesor Cialdini, reconocido líder en el tema, y su grupo hicieron dos tipos de tarjetas que se colocaron en diferentes cuartos. La primera reflejaba el típico mensaje de “salvemos el planeta” e invitaba a los huéspedes a participar en el proyecto. En la segunda se le agregó “casi 75 por ciento de huéspedes ayuda al usar su toalla más de una vez”.

El resultado a la primera tarjeta fue la colaboración del 20 por ciento. Y cuando se especificó que otros huéspedes habían colaborado con el programa, el impacto se elevó al 33 por ciento.

Pues bien, ahora ya sabes que las tres palabras que deben estar implícitas en cualquier mensaje que busque persuadir son: “otros lo hacen”.

viernes, octubre 11

Punto Positivo

A que sí puedes comer sólo una


¿Recuerdas esa frase del comercial de papas fritas: “A que no puedes comer sólo una”? Todos hemos comprobado que basta probar una, para entrar en una especie de trance impulsivo e inconsciente que nos lleva a ver el fondo de la bolsa en menos de cinco minutos. Lo mismo sucede con las galletas, los refrescos, las donas o las palomitas: terminas comiendo o tomando mucho más de lo planeado aún sin tener hambre o sed.

Y claro, el auto reclamo y el remordimiento por la escasa fuerza de voluntad llegan en tres momentos: a) junto con la sensación de pesadez en el estómago, b) al pararnos sobre la báscula, c) o al ver el reporte del laboratorio que nos indica índices elevados en niveles que quisiéramos mantener bajos.

¿Y qué pasó con la fuerza de voluntad? Pues te platico, que no es del todo un asunto de voluntad, sino de mecanismos biológicos específicos que nos llevan a conductas adictivas, y funcionan de la misma manera en los adictos a la heroína o al alcohol. Nadie elige ser adicto a los productos procesados con grandes cantidades de azúcar, grasa o sal combinadas de tal manera que llegan a ser tan poderosos como cualquier droga. ¿Por qué estos trances frenéticos de consumo no sucederán al comer brócoli, zanahorias o manzanas?

De acuerdo con el doctor Mark Hyman, en su libro The Blood Sugar Solution, estas conductas surgen de centros primitivos de recompensas neuroquímicas en el cerebro que interfieren con la fuerza de voluntad y, en el caso de la adicción a alimentos, ahogan las señales normales que controlan el hambre.

Es por lo anterior que le cuesta tanto trabajo a las personas obesas bajar de peso, a pesar del estigma social y las repercusiones en la salud, con padecimientos como presión alta, diabetes, enfermedades de corazón, artritis e incluso cáncer. Su manera de comer no obedece a que quieran estar gordas o no les importe; se debe a que están biológicamente enganchadas a desear estos productos y los consumen tanto como les es posible.

Si bien hay personas genéticamente predispuestas a desarrollar dichas conductas, también podemos volver –o ya hemos vuelto– adictos a los niños, creándoles grandes problemas de salud a través de los hábitos de consumo.

Aquí algunos descubrimientos científicos que confirman lo expuesto.

1. El azúcar estimula los centros de placer y recompensa a través de neurotransmisores de dopamina, exactamente de la misma manera que cualquier droga adictiva.

2. Imágenes del cerebro muestran que productos con alto contenido de azúcar y grasas trabajan en el cerebro igual que la heroína, el opio o la morfina.

3. Imágenes del cerebro muestran que la gente obesa y los adictos a las drogas tienen menos receptores de dopamina, lo que la hace más susceptible a desear cosas que eleven la dopamina.

4. La gente desarrolla una tolerancia al azúcar, que la hace necesitar más y más para satisfacerse; esto también sucede con el alcohol.

5. Las personas y los animales experimentan “síntomas de supresión” cuando se les limita el azúcar, igual que un adicto en proceso de desintoxicación.

6. Las calorías líquidas de los refrescos son las más adictivas.

7. Cada refresco que un niño consume, incrementa 60 por ciento su riesgo de ser obeso.

¿Por qué correr tantos riesgos? ¡Tan ricas y sanas que son las frutas, las verduras y el agua! Además, puedes consumirlas con libertad y sin remordimiento alguno. Te invito a aprender y enseñar hábitos de alimentación que nos permitan estar saludables.

viernes, abril 26

Punto positivo


Saber decir las cosas

No cabe duda que hay momentos en la vida donde verdaderamente nos es muy difícil decirle algo a una persona.
Por ejemplo: tienes que despedir a un compañero de trabajo, tienes que decirle a tu pareja lo mucho que te molesta algo que hace con frecuencia, o quizá tienes que negarle a tu hijo ese permiso que para él significa todo.
De antemano sabemos que tenemos que decir esto con todo el tacto del mundo, pero Cómo hacerlo sin herir sentimientos, sin exaltarnos y sin perder los estribos.
Sí solo confiamos en nuestro "instinto natural" para sacar el problema adelante sin prepararnos bien, lo más seguro es que escale a disgusto, lo mejor es preparar un guión.
Comparto contigo una fórmula muy probada y muy eficiente creada por los expertos en comunicación asertiva que se llama el guión DEEC.
Muestra las iniciales de los 4 pasos a seguir, los cuales todos nos deberíamos de aprender de memoria.
1.- Describe: Describe exactamente cual es la conducta que te molesta en la forma más simple, objetiva y específica posible además viéndolo a los ojos. Por ejemplo: "ayer llegaste a las 4 de la madrugada y no avisaste por teléfono como habíamos quedado". Hasta aquí la persona tiene pocas bases para discutir, simplemente se está describiendo el problema sin acusarlo de nada.
2.- Expresa: Expresa lo que sientes y piensas de tu conducta. Podemos usar palabras como "Me siento muy inquieto cuando" o "tengo la sensación de" o esto "me hace pensar que", expresarlo con claridad y moderación, sin ser sarcástico ni armale ningún drama, "cuando haces esto me preocupo mucho por tu seguridad por que te hayas podido accidentar, etc".
Aquí las palabras clave son, "me preocupe" "tengo" y "yo pienso" estas palabras describen como yo me siento cuando tu haces algo, esto no provoca enojo en el otro, al contrario apelan a su comprensión.
3.- Especifica: Ya que le describimos lo que nos molesta, que le dijimos como nos sentimos, el tercer paso es pedir claramente una conducta diferente, por ejemplo: "te pido que cuando salgas de noche siempre llames por teléfono para que yo esté tranquilo" y OJO, hay que pedir una sola cosa a la vez, porque las investigaciones han demostrado que los mejores resultados se obtienen cuando pedimos una sola cosa a la vez.
Ahora que las palabras que usemos deben ser concretas y muy específicas, sí pedimos un cambio vago de actitud o de personalidad sin especificar claramente que quiero, como por ejemplo: "es que me gustaría que fueras más considerado", la otra persona no sabe que es ser considerado y así queda flotando en el aire lo que la otra persona entiende por ello.
4.- Consecuencias: en este punto es importante que le menciones cuáles serían las consecuencias tanto positivas como negativas en caso de que cumpla lo que le pides y siempre es mejor plantearlas de manera positiva, por ejemplo "Me gustaría poder seguir teniéndote la confianza de siempre" esto es mucho mejor que llenarlo de amenazas como "es que te voy a dejar" o "ya no te voy a tener confianza".
Así que en esos momentos difíciles en los cuales tenemos que tocar ese punto sensible, incómodo o delicado, ya sea. Tu hijo, tu pareja o un compañero de trabajo, no olvides preparan muy bien tu guión DEEC, Describe, Expresa, Explica y las Consecuencias le quedarán muy claras.

viernes, enero 11

Punto positivo

Pitágoras tiene la respuesta

Imagina que tú y tu familia están dentro de una casa. Esta casa tiene cuatro ventanas, cada una dirigida hacia cada uno de los cuatro puntos cardinales. Cuando algún miembro de la familia se asoma por alguna de estas ventanas percibe el mundo de manera única, completamente diferente a la de los demás. Ninguna de estas percepciones está bien o mal, sólo refleja una realidad. En la noche, todos se reúnen alrededor de la mesa para compartir lo que vieron, lo que sintieron y lo que pensaron de lo experimentado.

Como la percepción de cada quien forma una realidad, inevitablemente, en el transcurso de la conversación, cada cual expondrá su visión con el convencimiento absoluto de que habla sobre la verdad: su verdad. Por lo tanto, surgirán puntos de vista diferentes, discusiones que tendrán grandes probabilidades de derivar en conflictos y, quizás, en rupturas.

Así somos los seres humanos. Para el ego, nuestra opinión, nuestras creencias o ideas son posesiones mentales tan valiosas como las materiales. Y aceptar que no tenemos razón es como si alguien nos despojara de algo imprescindible para la supervivencia. Por lo que estamos dispuestos a defenderlas como fieras.

Nietzsche afirma que es más probable que una persona creyente mate a otra, a que lo haga una no creyente. El creernos únicos dueños de la verdad nos deshumaniza. El caso es que en la vida siempre hay personas que ven el mundo desde otra ventana, es una constante que, cuando no sabemos aceptarla, amenaza cualquier tipo de relación, ya sea que se trate de la relación entre padre e hijo, hermanos, amigos o compañeros de trabajo. Al respecto, una buena pregunta que hacernos es: ¿quiero tener la razón o ser feliz?

Como nuestra felicidad depende del estado de nuestras relaciones, comparto contigo, uno de los preceptos de la filosofía de Pitágoras, el filósofo y matemático griego del siglo V, según el cual, la realidad de todo lo existente es de naturaleza matemática.

Veamos: el universo se rige por un orden y una armonía. Esta relación regula todo el universo. Es así que lo que existe en el espacio, físicamente hablando, son puntos, líneas, superficies o cuerpos. Lo anterior tiene un valor matemático. Si al punto le añado un número, es un uno; si añado dos puntos es una raya; tres puntos forman un triángulo, por ende una superficie. Si a esta superficie le agrego un cuarto punto, se forma una cúspide, una figura sólida, un cuerpo. En fin, todo lo que conforma el universo es la suma de uno más dos, más tres y más cuatro.

Sin embargo, Pitágoras afirmaba que también en lo anímico, hay otras cosas que esencialmente tienen un valor numérico: el número uno, es el de la razón, porque sólo puedo tenerla cuando estoy solo. La razón le compete a la soledad. Mientras estoy solo, tengo la razón. El número dos es el número de la opinión, pues cuando ya hay otro, no puedo ser dueño absoluto de la razón. Lo cual quiere decir que en una relación humana son mi razón y tu razón las que hacen que surja la opinión. Si respetamos mi opinión y tu opinión, tendremos como resultado la justicia.

La justicia se representa por el número cuatro. Y cuando a través del respeto la relación se da en equidad entre mi justicia y tu justicia, surge el número ocho: el amor.

En suma, el amor en cualquier tipo de relación, se da, se basa y sólo puede crecer con el respeto y la justicia recíproca.

Sabiendo esto, vemos lo estéril e inútil que es caer en discusiones que deterioran cualquier tipo de relación. ¿Cuántas negociaciones se truncan por no asomarse a la vista que percibe el otro desde su ventana? ¿Cuántas guerras entre países se producen por no respetar y comprender que cada uno tiene su propia visión del mundo?

Sí, Pitágoras tiene la respuesta…

viernes, octubre 5

Punto positivo

Los Códigos del Cuerpo

Vas al volante tranquilamente en la carretera. De pronto, escuchas un ruido que viene del motor. El sentido común te hace detenerte, abrir el cofre para ver de dónde viene, y qué es lo que lo causa. ¿Cierto? Lo que no haces, es acelerarle y subirle al radio para no escucharlo. Entonces ¿por qué lo hacemos con nuestro cuerpo?

Como un gran instrumento de navegación, el cuerpo tiene un lenguaje propio, una manera de expresar su sabiduría. Sin embargo, sucede que, en el día a día, tus entrañas te dicen “estoy molesto”, pero tu mente te dice, “ignoralo”. ¿A quién le haces caso?

Desconocer las maneras con las que el cuerpo se expresa, las prisas, el estrés, los estímulos auditivos y visuales, han hecho desconectarnos de nosotros mismos.

El cuerpo, como un niño, primero nos jala del pantalón y si no se siente escuchado, nos arma un gran berrinche.

Te invito a reconocer sus códigos, para transitar de manera más sana por la vida.

¿Cuáles son esos códigos?

Cierra los ojos. Respira hondo y por diez segundos, te invito a poner atención a tu cuerpo. Toma una fotografía mental de las tres zonas que más información comunican:

Zona 1) La espalda alta, el cuello y los hombros.

Zona 2) La garganta y el pecho.

Zona 3) El estomago y el abdomen.

Estas zonas nos hablan a través de sensaciones clave. ¿Qué sientes en cada una? ¿Se encuentran relajadas o tensas? ¿Abiertas o contraidas? ¿Es un efecto agradable o incómodo? Es importante recordar que el cuerpo posee una gran sabiduría. Y es muy útil decodificar el sistema interno de señales que viene del sistema nervioso y que se formó hace millones de años y no de la mente.

¿Qué nos dicen?

Si alguna de las partes del recorrido mental la sientes incómoda, tensa, o presionada, es señal de que habría que ver más de cerca algún asunto que no le has puesto la suficiente atención. Si por el contrario, en todo el cuerpo notas una sensación de armonía, de apertura y relajamiento, es señal de que así te sientes con tu vida y con el mundo.

La zona uno—la espalda alta, la mandíbula y el cuello.

Cuando éstas se tensan, es porque sientes enojo. El enojo por una injusticia, el hecho que alguien transgreda tu espacio físico o moral. Piensa ¿cuántas personas viven con dolor de cabeza o de espalda crónico? Enojo reprimido.

La zona dos— la garganta o el pecho.

Cuando estas triste, es en ésta área que sientes una opresión. Lo que dispara la tristeza es la pérdida. La contracción puede variar desde una leve sensación cuando hieren tus sentimientos a un nudo en la garganta que aprieta, cuando estas frente a una gran pérdida. Puede ser una pérdida fuerte como la de un amigo; sentir que pierdes el respeto de alguien; o bien, una oportunidad que se fue, la aprobación de un proyecto, y demás.

La zona tres—el estomago y el abdomen.

Aquí es dónde el miedo se expresa. Las sensaciones agitadas e incómodas en el estomago te avisan quizá de una amenaza, de algo que te provoca temor. Estas sensaciones pueden ser desde un ligero mariposeo, hasta un bloque de hielo que paraliza. Los miedos pueden ser de tipo físico, psicológico, miedos tienen que ver con la critica, la humillación, la pena y el rechazo.

Te invito a detenerte unos segundos en el día, para escuchar lo que el cuerpo te expesa. Hónralo. En lugar de jugar a las vencidas entre un “estoy enojado” del cuerpo y un “cállate” de la mente; deténte y revisa ¿qué siento? y sobre todo…¿por qué lo siento? En el momento en que lo haces, como un niño, se calma y así, comienza la claridad, el alivio y la paz.

viernes, septiembre 28

Punto positivo


No tengo cambio.

    Hace unos días escuchaba a un angustiado señor pedir cambio a un billete de alta denominación, de lo cual no obtenía respuesta, así que estando yo cerca, me hizo la gran pregunta —¿Tendrá usted que me lo cambie?— , a lo que respondí: —No tengo cambio.— Y ahí, justo ahí comenzó a rodar esta bola de nieve que hasta ayer, tocó el suelo y se desmoronó para volverse agua, clara y limpia agua.
    BLOG7Y es que, si bien nunca había escrito algo tan personal, hoy me desnudo un poco para contarles cómo llevo el día que ustedes también viven una y otra vez. El día que se disfraza y se convierte, que se voltea y se extiende; como bien dije antes, esa bola de nieve que crece y crece conforme rueda hacia abajo.
    Todo empezó con preguntas y más preguntas que no me podía contestar, que se amontonaban junto a la ropa sucia que no termino de lavar, que empieza a despedir un olor a pasado y un poco a futuro como queriéndose responder. Como queriéndose lavar. Cuestiones que me hacían querer cambiar, que me retaban a construir un día que, si bien nunca había visto, en ese momento se asomaba en mi vida. Se desdoblada poco a poco, y se alineaba a mi vista. Y yo, como todo ser humano: necio; comenzaba a levantar prendas de motivación sin dejar de arrastrar la cobija por detrás. Esta vida se empezaba a limpiar, el olor ya no era de desidia, tenía más bien notas de salvación y hojas que reverdecen. Todo es un paso que puede medir kilómetros y a veces un solo respiro, profundo y rotundo. Uno solo.
    Pero volviendo al comienzo, a esa pregunta que respondí, y al fin de tantas batallas, también me contesté:
    —¿No tengo cambio?
    —Por supuesto que tengo. Tengo suelto, ando suelto; de ahora en adelante me voy a buscar en todas las bolsas, en las más profundas, en las que el insomnio me deja bajo los ojos; en las bolsas que me sirven para no abanicarme al borde del vómito. En las bolsas de basura que saco al final del día con esperanza de que alguien se las lleve.
    Y ahora, la próxima vez que escuche a alguien contestarle a otra persona: “Híjole, no tengo cambio”, sonreiré y me daré la vuelta.

    viernes, septiembre 21

    Punto positivo

    Esas visitas incómodas

    “Me peleé con mi esposo. Eran las once de la noche y estaba muy enojada. No quería que mis dos hijos pequeños se enteraran. Me sentí muy valiente y decidí salirme de la casa a esa hora. Así que saqué el coche. La verdad, me moría de miedo. Tenía unas ganas tremendas de llorar. Pero, ¿a dónde podía ir?, ¿a casa de mis papás? Imposible. ¿A un bar, restaurante o café? No, me sentiría muy insegura. Pero se me prendió el foco: ¿en dónde puedo desahogarme tranquilamente? ¡En Gayosso! Angel, no sabes la llorada que di, y a nadie le pareció extraño. ¡Qué alivio!”, una querida amiga.

    Nos defendemos de ellas, aunque son inevitables. La falta de sueño, la mandíbula apretada, los hombros y el cuello contraídos. Un nudo en la garganta, un agujero en el estómago, la presión en el pecho. Esa sensación “chistosa” que queda en el vientre al término de una conversación incómoda. Todo lo anterior molesta, incomoda y estorba. Se trata de las emociones. Esas visitas ilógicas, misteriosas y profundas que llegan sin aviso. Ellas quieren hablar, decirnos algo. Y, por lo general, las reprimimos. En nuestra agenda del día no hay espacio para ellas. Tenemos tiempo para leer o escuchar todas las noticias, tiempo para el trabajo, para una vida social, tiempo para divertirnos, pero, ¿tiempo para sentir las emociones? Muy poco o ninguno.

    Se nos dificulta comprender que no se trata de tener un espacio en la agenda para las emociones, sino que las emociones son nuestra agenda. Pelearnos con la realidad es una batalla perdida de antemano. Cuando no reconocemos los sentimientos vivimos desintegrados. Además, tarde o temprano estos buscan salida: o nos enfermamos o un día explotamos de la nada, como un volcán, en el momento y con la persona menos indicados.

    Lo que es un hecho es que a las emociones no se les puede desaparecer de nuestro sistema apretando la tecla “eliminar”, como lo hacemos con un texto en la computadora. Necesitan ser abrazadas, aceptadas y sentidas, no hay de otra.

    “Casualmente”, en los incómodos momentos en que recibimos la visita de las emociones, llegan convenientes paliativos que nos distraen de la sensación: el sonido de la radio o la televisión, las redes sociales, la comida, los chocolates, las compras o las desveladas con los amigos que “alivian” el sentimiento que perturba. Sólo que aquello que tratas de evitar, tarde o temprano te invade.

    ¿Hace cuánto tiempo no lloras? Te lo pregunto, porque quienes reprimimos las emociones vamos por el mundo como en un barco –representado por la cabeza y el pensamiento– que arrastra pesadamente un ancla –que son el corazón y las emociones–. Así, no avanzamos a ningún lado, sólo damos vueltas. La única forma de crecer es escuchar lo que las emociones tienen que decirnos. Centrarnos, alinear la cabeza, el cuerpo y el corazón con nuestro eje. “Quien tiene el centro, lo tiene todo”, dice el Tao.

    La propuesta que te hago es que te des un espacio para cerrar los ojos y reconocerte: “¿Qué siento frente a esto?” Y ser brutalmente honesto en la respuesta. ¿Es incómodo? Sí. ¿Duele? También. Pero es la única forma de transmutar las emociones problemáticas. De quedarnos ahí y sentirlas, descubrimos que del lado opuesto a ellas hay paz profunda y libertad. Sólo se requiere cruzar ese largo puente colgante.

    Sonríe, a menos que tengas ganas de llorar. Y si no cuentas con una pareja, un amigo o un terapeuta en quien recargarte de vez en cuando y llorar ese llanto que alivia como ninguna otra cosa, que surge del estómago y nos dobla, ya sabes la receta de Lupe: toma tu coche y vete a Gayosso.

    viernes, septiembre 7

    Punto positivo

    Decidir, decidir y decidir…


    Viajar en avión misteriosamente cansa. Al llegar a tu destino, el cuerpo y la mente se sienten como si hubieras hecho el trayecto conduciendo un automóvil en una carretera con neblina. Y uno se pregunta: “Si pasé sentado tres o cuatro horas ¡sin hacer nada!, ¿de dónde surge el cansancio! De la misma manera, en la vida cotidiana, hay días en los que terminas fatigado, con frecuencia, sin saber por qué.

    292928_397355083646314_1411694450_n_largeLas invisibles condiciones de la presión y la atmósfera dadas en un avión agotan; en lo cotidiano hay un factor que actúa de manera similar, me refiero a la toma de decisiones. No nos percatamos pero decidir nos afecta significativamente. Desde que abrimos los ojos las disyuntivas nos invaden. Unas son insignificantes y otras trascendentes, requieren de coraje y pueden voltear nuestra vida de cabeza. Todas, al final del día, desgastan y roban energía.

    Es inevitable: vivir es escoger. El estrés que esto causa, radica en que elegir es renunciar y renunciar no es fácil. Sin importar de qué tema se trate, en cada decisión perfilamos un futuro. Y consciente o inconscientemente sentimos la responsabilidad que esto conlleva, sin contar con el factor incertidumbre que sabemos, también juega.

    Cada decisión tiene un costo. En el trabajo quizá se presenten decisiones que afecten tu vida profesional; hay decisiones personales que pueden incidir ya sea en tu estilo de vida, en un tercero, o bien, en tu familia. Existen decisiones de tipo racional, emocional, ético, económico o moral, otras relacionadas con la salud o incluso con la diversión… ¿Qué camino tomar? “Dos caminos se bifurcan en el bosque; y yo tomé el menos transitado, eso ha hecho la gran diferencia en mi vida”, escribió el poeta americano Robert Frost. Lo que Frost nos dice es que el camino obvio, fácil, no siempre es el adecuado.


    Lo importante es detenernos un momento antes de tomar la decisión y aquilatar las secuelas. Aunque si nos detenemos por mucho tiempo, podemos caer en lo que se conoce como “Parálisis por análisis”. Nunca vamos a tener todos los datos o la información para decidir. Las posibilidades son tan amplias como el universo mismo. El reto está en encontrar ese punto entre informarnos lo suficiente, confiar y tener el valor de lanzarnos. “Cuando das el paso, el puente aparece”, ya lo decía Indiana Jones en una de sus películas.


    “¿Cuánto me va a costar esta decisión?”

    Esta es la pregunta que podemos hacer para evaluar detenidamente la respuesta. Con frecuencia preferimos “ignorar” el precio de nuestras decisiones, reprimimos sus consecuencias o no las queremos ver,–aunque el cuerpo siempre los resiente. Puede ser que en el momento no nos convenga aceptar lo que conllevan, que estemos deslumbrados e ilusionados. Otras veces, no prevemos lo que sucederá y los efectos nos sorprenden.

    Tumblr_lx54ooz8bl1r71hako1_400_large
    Al final del camino, lo que todos buscamos es vivir felices y en paz. ¿Cómo afectará ésta o la otra opción mi vida de pareja, a mis hijos? Escucha a tu instinto. Y la forma en que tu instinto se manifiesta es a través de una sensación en el vientre. ¿Cómo se siente? Finalmente ¿la decisión te hace sentir bien?


    Es por eso que habría que formar el hábito de planear, hacer una lista de pros y contras, tener claras las prioridades, escuchar al cuerpo y tener un pensamiento crítico antes de decidir, para evitar que a la larga el estrés o la presión terminen por quitarnos calidad de vida, en todos los sentidos.

    Las decisiones o las tomas, o dejas que te tomen ellas, tú escoges.

    viernes, agosto 31

    Punto positivo

    Nadar con ropa.


    Amar es aceptar un vértigo

    Octavio Paz

    Tumblr_m9bfmwwtqx1qmvv5mo1_500_largeEl agua del deshielo del río del Nevado de Toluca estaba helada, como era de suponerse. Un grupo de amigos y niños llegábamos después de hacer un recorrido de dos horas en bicicleta. “¿Nos echamos al lago?”, gritó Diego, de 13 años, con cara de travesura. “¡Órale, va!”, contestó Toño. Ambos se quitaron las camisas, contaron hasta tres y se lanzaron. Sus aspavientos desanimaban a cualquiera a seguirlos. Pero con la presión de no quedarse atrás, los otros niños y adolescentes se aventaron. El alboroto y la presión se multiplicaron. Uno a uno los adultos –los señores primero– fueron “animándose”. Noté que la situación emulaba el proceso de selección natural de Darwin. Entre más joven, más abierto a las nuevas experiencias. Las mujeres, por lo general más friolentas y menos susceptibles a la intimidación de este tipo, permanecieron de brazos cruzados y sosteniendo un “no” rotundo.

    De pronto, como rayo, me vino a la mente una frase que leí en algún lado: “Cada vez que le dices ‘no’ a la vida, envejeces”. Esta frase quizá a un joven no le diga nada, mas en la vida adulta, cala. Y cala porque dentro de nosotros hay una especie de imán que nos atrae constantemente hacia el “no”, hacia la vida cómoda, sedentaria y hedónica. Este magnetismo se vale de infinidad de justificaciones que se metabolizan en nuestra mente: “Para qué te arriesgas”, “Olvídalo”, “Eso ya no es para mí”, “Ya para qué” y demás.

    Así que en contra de lo que el cuerpo y la mente me gritaban, la frase me lanzó de clavado al lago de hielo, con todo y ropa de ciclista. Me quedé sin respirar en lo que mi cerebro se ajustaba al shock; mas el gozo fue tal, que en minutos el cuerpo se adaptó. ¡Qué delicia! No sabía si la sensación venía del agua o de la satisfacción de haber rebelado la mente y el cuerpo al grito del “no”.

    Todos lo hemos sentido. El imán del “no” es muy fuerte, es adictivo, es seductor y muy convincente: “No te inscribas”, “No hagas ejercicio”, “No vayas”, “No te involucres”, “No te arriesgues”, “No te comprometas”, “No insistas”, “No te compliques la vida”, en fin, “no, no, no”.

    De hacerle siempre caso a esta fuerza poderosa y soltar la toalla, nos succionaría a sus dominios: la tierra del deterioro. Y el deterioro no sólo es en los huesos, en los músculos y los tendones. También se deterioran los componentes de la mente, de la actitud y del espíritu, los cuales nos dan agilidad, flexibilidad y capacidad de gozo.

    En la tierra del deterioro nos enfrentaríamos con una serie de monstruos “come-salud” y “come-actitud” que esperan con hambre alimentarse de nosotros. Y, una vez que pasas la barrera de los 40 años, esa fuerza de atracción se duplica.

    Ffdfb8f6afce11e1a39b1231381b7ba1_6_largePara vencer la atracción negativa y que el imán no te succione, lo único que requieres es cambiar el “no”, por el “sí”. Darle un sí a la vida. No tomarnos tan en serio y permitir que la fuerza de la vida aflore: “Sí, claro que me festejo en mi cumpleaños”, “Sí, claro que voy”, “Sí, claro que me inscribo a la clase”, “Sí, claro que me aviento del paracaídas”, “Sí, claro que voy al gimnasio”, “Sí, claro que lanzo mi proyecto”.

    Decía Germán Dehesa que “cuando estás enamorado de la vida, difícilmente te puedes defender del amor”. Y que el amor es como un abismo con sentido; el amor es dominar la actitud y el imán que nos seduce hacia la tierra del deterioro. También decía que con la fuerza de voluntad podemos convertir la vida en un deleite.

    En fin, decir sí es amar, amarte y amar la vida. Como diría Octavio Paz: “Amar es aceptar un vértigo”. Siempre lo es…

    viernes, agosto 24

    Punto positivo

    La pobreza en la abundancia

    Un café hasta hace pocos años, era sólo un café. Al pedirlo, no había más opciones que con leche o sin leche. En cambio ahora puedes escoger si lo quieres suave, mediano, robusto o con sabor caramelo, moca, vainilla o canela; puedes pensar si se te antoja un capuchino, un frapuchino, un maquiato, misto, americano, latte o expreso, que tenga doble carga o sea descafeinado; frío, con hielo o caliente, con menta o con chocolate blanco. Además, puedes decidir entre las diversas opciones de tamaño, envases o tipos de azúcar que el mercado ofrece.
    Tumblr_m6a4iws6ts1qcg6rjo1_500_large 
    En ninguna otra época de la historia de la humanidad las personas habíamos tenido tantas opciones y ofertas, no sólo en cuanto a esta bebida estimulante y deliciosa, sino de cualquier otro tipo de producto: canales de televisión, refrescos, tecnologías, marcas de ropa y demás.

    La razón de que las opciones se multipliquen es la búsqueda de la riqueza, pero también de la felicidad. La pregunta pertinente es: “¿Por qué a pesar de todas estas opciones no somos más felices que antes?”. Las investigaciones sobre el bienestar muestran que no sólo no somos más felices, sino que los índices de insatisfacción se han elevado. Lo anterior se comprueba al ver las cifras mundiales de depresión, consumo de drogas y suicidios.

    Con esta información podemos concluir que los bienes materiales no aumentan el nivel de felicidad de una persona. La felicidad no se puede comprar. Punto. ¿Cuánto nos dura el placer de haber comprado algo anhelado por mucho tiempo?

    Lo anterior se debe a lo que se conoce como “principio de adaptación”. Es decir, los humanos tenemos una gran capacidad para adaptarnos a nuevas circunstancias, sean éstas placenteras o incómodas.

    La única manera de evitar adaptarte a la satisfacción es estar consciente de lo afortunado que eres y agradecer por ello.

    Todo mercadólogo sabe que el deseo de adquirir un bien material se alimenta de la creencia de que “carecemos de algo” para ser aceptados por los demás o para ser totalmente felices. Recordemos aquella frase: “Gozamos poco por lo mucho que tenemos y sufrimos mucho por lo poco que nos falta”.

    Los estudios nos dicen que cuando una persona joven llega a la edad de 21 años, habrá visto un millón de comerciales en la televisión. Imagina el poder de los mercadólogos para que jugar con nuestros temores y deseos.

    Compararnos con alguien que, según ciertos estándares o apariencias se encuentra mejor o tiene más que nosotros, conlleva un sentimiento de inferioridad y frustración. El resultado, es un consumismo que genera ingratitud. Es decir, la persona percibe su vida incompleta, aburrida y pobre. Incluso las relaciones se ven amenazadas. Los niños ven a sus papás poco cool; los adolescentes compran la idea de que su valía personal radica en usar tal o cual marca.

    Una forma de protegernos de la manipulación es hacernos y hacer conscientes a nuestros hijos de que todo eso no es la verdadera felicidad.

    La única forma de lograr la felicidad es vivir el presente. Reconocernos valiosos por naturaleza. Darnos cuenta de lo reducida que es la lista de lo realmente importante. Y, en especial, agradecer: agradecer a Dios, a la vida, a la pareja por la infinidad de bendiciones que tenemos. Esto sí es una forma de enriquecernos. ¿De qué sirve tener muchos bienes y no estar satisfechos? El ego, que nos hacer perseguir lo que no tenemos, no se puede satisfacer jamás, hacerle caso es vivir la pobreza en la abundancia.

    viernes, agosto 17

    Punto positivo

    Un puñetazo en la cara

    “¿De dónde viene esa música apenas audible que tanto molesta? Qué imprudentes los cinéfilos de adelante, ¿qué no ven que la película esta a punto de comenzar!” Mi juez crítico buscaba notoriamente al culpable. Pasaron unos minutos, en los que indignado, mi atención se dividía entre el filme y la molestia que el soterrado ruido me provocaba. “No puede ser…”, repetía para mis adentros.

    528925_4317359736502_1003488964_n_largePasaron unos minutos, hasta que se me cayó la cara de vergüenza. ¿Que de dónde provenía la molesta musiquita? ¡De la bolsa de mi pantalón! Del móvil que mi un amigo me había prestado para no estar desconectado, puesto que el mío lo había perdido. No lo reconocí porque en mi teléfono no tenía música. ¡Qué pena! Pero además de ella, me causó sonrojo ver la prudencia de todos mis vecinos que, al contrario mío, no hicieron una sola mala cara.

    Sentí un puñetazo en la cara y aprendí una lección. El problema era yo. Fue como aquel señor que al ir a su trabajo tiene un accidente. Se baja del coche y le dice a la conductora del otro automóvil: “Señora, ¿por qué no aprende a manejar? Usted es la cuarta persona con la que choco hoy”.

    El incidente me hizo traspolar la experiencia a otras áreas de mi vida. Soy yo el que tengo que cambiar. Esto se aplica a las relaciones y se vuelve más notorio con quienes convivimos a diario, como compañeros de trabajo o nuestra pareja. ¿Cuántas veces de manera automática condenamos al otro en lugar de darle el beneficio de la duda? Sin darnos cuenta, creamos el hábito de ver sus debilidades en lugar de sus fortalezas. Y así, la vida se vuelve un infierno.

    El asunto no está en el otro, está en cada quien. Es cuestión de decidir. Te puedes enfocar en todo lo positivo que tiene la otra persona y en magnificar todas sus cualidades, o bien, acostumbrarte a detectar de inmediato todos sus defectos y amplificar todo aquello que te molesta.

    Esta es una de las razones por la que hoy tantas parejas tienen problemas. Han olvidado el porqué se enamoraron mutuamente.

    En una relación suele haber dos seres sensibles con un gran potencial, pero la crítica los separa, pues han desarrollado el hábito de ver sólo lo malo. Todos conocemos historias de parejas en las que con nada se tiene contento al otro. Nada es suficiente. Son incapaces de ver el esmero y mucho menos reconocerlo.

    Recuerdo el caso de un señor que armó un gran pleito porque su esposa no le tenía el melón de la mañana picado como a él le gustaba. Por supuesto, se divorciaron.

    Este tipo de personas nunca son felices. Como dice Un curso de Milagros: “Aquello que falta en la relación, es lo que tú no has dado”. Porque aunque parezca extraño, la razón de no ver las cualidades en el otro es una falta de amor por uno mismo. Si me acepto, te acepto. Y sólo puedo criticar y juzgarte cuando ya me he juzgado negativamente a mí mismo. Así de sencillo.

    Si acaso encuentras que luchas en esta área, cambia de foco. De la misma manera que con un dibujo de ilusión óptica. Para ayudarte haz una lista de todas las cualidades que tu pareja, tu jefe, tu compañero tiene. Quizá no es cariñoso, pero es muy generoso. Quizá tenga debilidades, pero es una gran mamá. Es divertida. Es inteligente. Es trabajador.

    Haz la prueba. Fíjate en lo bueno. Verás que también saldrás beneficiado. Un espíritu crítico contamina todo lo que haces en todas las áreas. Además, tengamos en cuenta esta ley: lo que resistes, persiste. Y las personas respondemos mucho más al halago que a la crítica.

    La próxima vez que la crítica te asalte, mejor di: “¿Te había dicho lo mucho que te admiro cuando…?” Comprobarás que todo cambia para bien.

    viernes, agosto 10

    Punto positivo

    Ser cool hoy

    Ver que la hija de un líder petrolero mexicano —cuyo sueldo es de 23 mil pesos mensuales— ostenta viajes lujosos por el mundo, en barcos y aviones privados, bolsas de precios exorbitantes —e insultantes— acompañada de un séquito de perros, y postea las fotos en su perfil de Facebook pensando que es un acto cool, nos revela muchas cosas, entre ellas los valores que la rigen: valgo lo que tengo y entre más tengo, más soy. “Cómo sea percibido por los demás es el espejo que me dice qué, cómo y quién soy”, dice Eckhart Tolle.

    Lo absurdo es que estos hechos, lejos de impresionar, irritan, indignan y en el fondo son la muestra de una gran vulnerabilidad e inseguridad. Pero éste no es el tema. 
    Mi interés en explorar el fenómeno se centra en reflexionar sobre qué es lo que hoy se considera cool. Asunto cuya importancia no debe subestimarse. Sabemos que los adolescentes con frecuencia toman riesgos físicos y psicológicos muy altos para mantener u obtener cierto estatus ante sus compañeros. Y no ser considerado cool es motivo de gran sufrimiento. Desafortunadamente, en nuestra cultura, esto no termina en la preparatoria. 
    Durante la vida adulta también tememos vernos y ser vulnerables.

    El término cool —lleno de significados— es anglosajón y comenzó a usarse después de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que se ha filtrado a varias culturas y es un fenómeno global, resulta totalmente subjetivo. 

    Tumblr_m8hk4qxjw41rckw08o1_500_large
    Cada época, cultura y generación definen lo que para ellas significa ser cool. En general, podríamos afirmar que es tener aplomo en todo lo que se realiza, frescura, ecuanimidad, determinado lenguaje corporal, expresiones faciales y modulación de la voz, elementos que revelen un distanciamiento del statu quo, en combinación con un sentimiento de comodidad dentro de sí mismo que se aleja con indiferencia del “qué dirán”.

    Casualmente, al leer la nota arriba mencionada, también vi las declaraciones de Mark Zuckerberg, el joven multimillonario creador de Facebook, quien da a sus empleados en Menlo Park, California, ciertos lineamientos a seguir, como: “Tener un auto caro y ostentoso no se considera cool en esta empresa, en cambio transportarse en bicicleta lo es”, “El énfasis está en el servicio, en el producto y no siempre en el dinero”. Así, a diferencia de lo que podría pensarse, privilegia el bajo perfil. 

    Asimismo, Zuckerberg rechazó el ofrecimiento de compra de su empresa por un millón de millones de dólares. Él mantiene privada su vida y podría decirse que Wall Street no lo intimida: se presentó en la bolsa de valores de Nueva York con su vieja sudadera de capucha. Y si bien crea controversia, al igual que Steve Jobs, también marca con su estilo las pautas de lo que para muchos hoy significa ser cool. 

    Tumblr_m6nspgt36l1ry5eh6o1_500_large
    Ser cool, ¿qué valor tiene? Este sutil concepto parecería algo puramente banal, pero visto mejor representa un elemento vital de la supervivencia social, en el que se incluye la actitud, el comportamiento, la apariencia física, el autocontrol –en especial bajo momentos de estrés– y un estilo atrayente. Estos valores adquieren un valor estratégico dentro del grupo al que se busca pertenecer o liderar. 

    Hoy, de acuerdo a los twitteros, se considera cool a personas como Barak Obama, Cameron Diaz, Guillermo Arriaga, Jaime Camil, Montserrat Olivier, Consuelo Duval, Xavier Velasco, Johnny Deep, Kristen Stewart, Steve Jobs, Sting, Bono, Gael García, Diego Luna, Leonel Mesi y Miguel Bosé, entre otros. 

    El mundo cambia constantemente su concepto de cool. Pero queda clara una cosa: ostentar y presumir de ninguna manera es cool.

    viernes, agosto 3

    Punto positivo

    El observador

    Si camináramos por las calles de cualquier ciudad del mundo y al azar le dijéramos a algún transeúnte: “Siento mucho el problema por el que pasas”, con asombro y curiosidad nos respondería: “¿Cómo lo sabes?”.
    6805811529_a650b8fbe6_z_large

    Las personas solemos vivir con la sensación de traer una lápida sobre la espalda como la del Pípila de Guanajuato, a veces más, a veces menos. Tenemos problemas de trabajo, presiones económicas y conflictos sentimentales que sumados a las crisis personales provocan que segregamos continuamente hormonas del estrés que tienen una serie de repercusiones en nuestra salud. 

    Por si fuera poco y en busca de consuelo nos refugiamos en conductas autodestructivas como el abuso de la comida, el alcohol o cualquier tipo de sustancia o conducta –de momento placenteras– que generen adicción. Por supuesto, las consecuencias de esta clase de comportamiento nos dejan atrapados en un pantano. 

    ¿Hay salida? Sí, todo es cuestión de perspectiva; para adquirirla podemos observarnos a distancia.

    Recuerdo el impacto que me causó ver en el domo del Papalote Museo del Niño, una película que comienza con la toma de una pareja acostada sobre el pasto que mira al cielo. Poco a poco, la cámara se aleja y nos involucra como observadores. Así, vemos la casa, la zona en que se encuentra, el estado, el país y el planeta. 

    El zoom out continúa y apreciamos entonces la Tierra iluminada por millones de lucecitas, lo que inevitablemente nos da una sensación de pequeñez. Mientras el alejamiento prosigue, vemos a la Tierra dentro de un gran sistema solar, que a su vez da vueltas dentro de una galaxia, que a su vez, forma parte de otras miles y millones de galaxias del vasto universo, que en su enormidad nos hace sentir como en un abismo. La sensación de insignificancia queda claramente establecida 

    “No somos nada”, esta frase de nuestro maravilloso cómico Héctor Suárez, viene irremediablemente a la cabeza al término del documental, lo que produce una doble sensación: la de alivio y ansiedad. 

    Tumblr_lkwnc5mieh1qbw50co1_500_largePor un lado, alivio, porque bajo esa perspectiva, ver tus “problemas” produce un sentimiento maravilloso de libertad que hasta los vuelve ridículos. ¿En realidad son problemas? ¿Por esas tonterías nos angustiamos tanto? ¿Vale la pena lo que cuestan en términos de salud?

    Por otro lado, la ansiedad llega al darnos cuenta de lo efímera que es nuestra existencia: el tiempo que vivimos en este planeta, comparado con la vida de la Tierra, equivale a sólo dos segundos. Y ¡no los valoramos! Creemos que viviremos para siempre, con el tiempo suficiente para realizar los sueños o –algún día– perdonar. Nos angustiamos con pensamientos de ayer y de mañana y no vivimos el presente, que es la única manera de extender el tiempo.

    Es por eso que tener nuestra propia cámara imaginaria –con una gran perspectiva– que se aleje, nos da la posibilidad de ser un observador, que sin juzgar ni criticar, pueda susurrar: “Piensa antes de hablar”, “perdona”, “dile que la quieres”, “estás exagerando”, “disfruta este momento”, “no cruces la línea del respeto”, “dale tu tiempo, escúchalo” y demás. 

    El reto es mantener al observador presente todo el tiempo, para relajar la mandíbula, los hombros y respirar profundo al dimensionar las cosas.

    viernes, julio 20

    Punto positivo

    El lado soleado de la calle

    ¿Ser naturalmente feliz o infeliz? ¿Existirá tal cosa? Y si un individuo se considera infeliz, ¿puede cambiar? 

    Finger-love-weheartit_large
    Todos lo hemos comprobado: hay personas que parecen estar siempre felices; no importa cuándo, en dónde o con quién se encuentren, sin necesidad de estímulos externos, la energía que emana de ellas es siempre positiva. Pero, ¿naces o te haces?


    Las investigaciones muestran que en un nivel inconsciente, la mente de algunas personas tiende naturalmente a enfocarse en una visión optimista de los demás y de la vida; ellas perciben y recuerdan con mayor facilidad los aspectos positivos. A este sesgo los científicos le llaman el efecto Pollyanna. 

    Por otro lado, la gente que no se considera a sí misma feliz, enfoca siempre lo negativo, lo que no tiene, lo que le falta; lo usual es que suele tener argumentos convincentes para permanecer así: infeliz. Arguye que la felicidad es algo demasiado simplista, no duradero y complaciente, para ella ser feliz es algo que la vida te cobra, naïve y demás ideas. Por eso, el primer reto con el que una persona así se encuentra para modificar su estado es vencerse a sí misma. 

    El profesor psiquiatra Michael Argyle de la Universidad de Oxford, quien ha dedicado su vida a investigar el tema de la felicidad, publicó un estudio realizado por la BBC de Londres en el que revela que las personas felices tienen varias cosas en común que la gente normal no tiene:

    • Un grupo amplio de buenas relaciones que incluye, por lo menos, una muy cercana; además de una red de amigos o relaciones próximas. 
    • Un trabajo que disfruta y encuentra retador.
    • Actividades recreativas que le satisfacen. 
    • Una personalidad especial.
    • Sabe lo que quiere de la vida y le da sentido.

    Las personas felices tienden a ser extrovertidas, antes que introvertidas; asimismo, son muy optimistas, asumen que todo estará bien y sólo recuerdan las cosas buenas del pasado. Si algo sale mal, no se culpan a sí mismas —puede que culpen a otros o a las circunstancias, más nunca se culpan a sí mismas del modo en que lo hacen las personas infelices. 

    Por otro lado, no se imponen metas imposibles de obtener, por lo que no se frustran por la brecha que hay entre sus aspiraciones y sus logros. Tienen buenas habilidades sociales y suelen ser más cooperativas, más asertivas. Confían en que si conocen a una persona, se llevarán bien y se divertirán con ella y, de hecho, así sucede. 

    Cabe aclarar que cuando el efecto Pollyanna es exagerado y una persona llega a ser “demasiado” positiva, se puede desconectar de la realidad y mantenerse en un plano superficial y banal. 

    Pero, ¿qué pasa con los que no tienen esa disposición natural a ser felices? “No te rindas, mantén la esperanza: la personalidad, hasta cierto punto, se nos da en el nacimiento y hasta cierto punto es adquirida en la niñez, pero no es algo que se tenga para toda la vida: se puede cambiar”, nos dice el doctor Michael Argyle. 

    544661_10150923822196627_895034933_n_large
    Parece simplista, mas algunas de las cosas que contribuyen a que un individuo se sienta feliz son: hacer ejercicio a diario, encontrar buenas noticias y compartirlas sin importar lo malo que estuvo el día, buscar 10 minutos de silencio y quietud para sí mismo, saberse merecedor de ser feliz, realizar una actividad que sea placentera por lo menos 30 minutos a diario, dormir bien y apreciar y agradecer los regalos de la vida. 


    ¿Por qué es importante explorar el tema? Sencillamente porque ser feliz es una decisión; surge del interior. Esto es lo más importante. Por lo que podríamos concluir, que está en mi, y nada más en mi, el ser naturalmente feliz. 

    viernes, julio 13

    Punto positivo

    ¡A la basura!

    Te cuento una anécdota de una querida amiga:
     
    “¡No puede ser!”, enojada arranco con fuerza la hoja y la arrugo para lanzarla al bote de basura. Son las 11:30 de la noche y todavía tengo puesto el uniforme del colegio; llevo largo tiempo sentada frente a la máquina de escribir portátil Olympia. Tecleo la tarea de mecanografía con todo cuidado. Dos horas más tarde, el basurero rebosa papeles como si fueran palomitas de maíz.

    Recuerdo las exigencias de Miss Meche, nuestra maestra en el Colegio , quien no permitía un solo error en las tareas de mecanografía. Ella y sus alumnas ignorábamos que nos preparaba para la llegada de las computadoras –¡cómo se lo agradecemos ahora!"

    A cualquier joven de hoy le parecería increíble que eliminar una letra, palabra o idea de un papel, antes era simplemente ¡imposible! Hoy es algo tan sencillo que olvidamos que no siempre fue así.

    ¿Por qué viene a cuento todo esto? Porque hay ocasiones en las que a la manera de un Ipad, imagino tener el icono de un basurero en el cerebro, al cual poder enviar ciertas circunstancias que quisiera no haber visto o escuchado.

    Es un hecho que la rutina nos lleva de la mano y en lo cotidiano andamos con la guardia baja. Esto provoca que el cerebro esté en “modo automático” y que, sin percatarnos, permitamos que le entre todo tipo de información, en ocasiones “tóxica”, que ocupa espacio en nuestra mente y que impacta nuestro estado de ánimo y nuestra salud. A esto, los científicos le llaman atención objetiva.

    Por lo anterior, te invito a tener una atención subjetiva, es decir, a estar atento, consciente de aquello que permea tu mente, tu estado de ánimo y tu salud.
    Bra-burning_freedomtrashcan_largeHaz la prueba. Cuando te encuentres en alguna situación que te provoque rechazo o incomodidad, y que sea negativa e innecesaria y que te lleve a preguntarte: “¿Ahora qué hago con esta revelación? ¿En qué parte de mi cerebro la guardo? ¿Para qué vi esto?”, con una amable sonrisa en la cara finge interés, mientras mentalmente visualizas que oprimes el icono del botecito, y que éste succiona todo lo indeseable hasta que desaparezca. ¡Es tan liberador!

    ¿Te imaginas que también el bote succione, por ejemplo, el pasado, un mal recuerdo, una mala vibra, el rencor o todo lo que sea tóxico para ti?, al estilo Carlos Castaneda, cuando dice: “Un día decidí que mi pasado ya no me servía y, como el alcohol, lo dejé”. ¡Qué maravilla!

    Por todo lo anterior te invito a pulsar el icono y a decir: “¡A la basura!”:

    • Cuando te topes con personas a las que les encante ser portadoras de malas noticias, que critiquen, que te platiquen sus achaques, que se quejen de todo y nada les parezca.
    • Cuando decidas que es hora de soltar un pasado que te haya causado dolor.
    • Cuando preocuparte no ayude a solucionar nada.
    • Cuando quieras liberar el estrés y la tensión que cargas en los hombros.
    • Cuando tu trabajo no te guste, no te llene y ya no quieras fingir.
    • Cuando sufras porque tus expectativas no se cumplen.
    • Cuando estés frente a una rebanada de pastel de chocolate y la suma de calorías culposas se acumulen en tu mente.
    • Cuando sientas incomodidad por tener que hablar con la verdad.
    • Cuando hayas dejado de hacer lo que te gusta en aras del “deber ser”.
    • Cuando alguien te diga: “No vas a poder”.
    En casos como estos grita con fuerza: “¡A la basura!”. Así le darás lugar a todo aquello que te nutre, te hace sentir bien, te conecta, te engrandece y te hace crecer.

    viernes, julio 6

    Punto positivo

    ¡Suelta los cubiertos!

    ¡Ah, los placeres de la comida! El estómago comienza sutilmente a enviar señales de que ya tiene hambre.

    ¡Ah, los placeres de la comida! El estómago comienza sutilmente a enviar señales de que ya tiene hambre. Un poco más tarde se nos hace agua la boca con sólo pensar en los aromas y la vista de los platillos. Por fin nos sentamos a comer, tomamos los cubiertos con parsimonia. “Mmm, qué rico…”, exclama el estómago al recibir el primer bocado. Sin embargo, ese gozo le dura poco. Enseguida, cual bombardeo de guerra, el tubo digestivo recibe uno tras otro los alimentos sin que tenga tiempo de disfrutar, separar o digerir bien cada trozo, mismos que suelen ser más grandes de lo que puede procesar.
     
    427335_298667963514249_204817859565927_735096_360266761_n_largeObserva: la mayoría de las personas lleva el tenedor a la boca a la velocidad del rayo, ya sea por el apuro de conversar, el poco tiempo que tiene para comer, lo rico que está el platillo; por simple hábito, porque su atención está en la televisión o porque piensa que el hambre se saciará más rápido. Quien padece las consecuencias es la panza. Cumplida como es, para poder sacar su trabajo adelante, tiene que producir desagradables síntomas de indigestión.

    La prisa al comer se presenta aún cuando nos reunimos con la familia o los amigos de manera relajada. El caso es que olvidamos por completo aquello que nuestras mamás algún día sabiamente nos dijeron: “Come despacio y mastica bien.” Este es el primer paso para tener una buena digestión, por ende, también es el principio de una salud mejor.

    En realidad, comer apresuradamente no es más que un reflejo de lo acelerados que estamos por dentro. Es un síntoma de que buscamos la gratificación instantánea en el siguiente bocado, en el siguiente momento, en el siguiente día; en lugar de respirar y valorar el presente.

    Masticar bien no es difícil, lo es más desarrollar la paciencia, el saber estar y apreciar los sabores, la compañía y el trabajo de quienes prepararon los alimentos. Es un acto de generosidad hacia ti mismo y hacia los demás.

    “Cuando no masticamos bien la comida, ésta se atora en el píloro, en el tracto digestivo y resulta en inflamación de abdomen y todo tipo de molestias estomacales”, dice el gastroenterólogo José María Zubirán.

    Todos nuestros órganos se beneficiarían con sólo poner a trabajar más a la aperlada dentadura, hasta que la comida quede como papilla para bebé.

    Entre los múltiples beneficios de masticar bien están el que tu digestión mejora, ya que los nutrientes viajan y se absorben más fácilmente; ¡adelgazas!, ya que comes menos al volverte más consciente de los niveles de saciedad antes de saturar al estómago con comida; reduces la posible acumulación de bacterias nocivas que provocan flatulencias y mal aliento; fortaleces tu sistema inmunológico y sobre todo, saboreas más la deliciosa comida.

    Cuatro claves que recordar:

    • Respira. Al sentarte a la mesa, inhala y exhala tres veces para realmente acabar de “llegar”. Esto te ayudará a cambiar el ritmo que traías antes de sentarte a la mesa.
    • Haz una pausa. Suelta los cubiertos entre bocado y bocado. Esto cuesta un poco de trabajo si tienes muy arraigada la costumbre de apurar la comida. En lo personal he encontrado que ese tipo de pausas me ayudan a estar más presente.
    • Parte bocados más pequeños. Esto además de ser benéfico, te hará ver más elegante.
    • Reanuda tus intenciones. Si las molestias estomacales te recuerdan que olvidaste tus buenos propósitos y comiste muy rápido, en la próxima comida inténtalo de nuevo. Te puede llevar de dos a tres semanas cambiar un hábito. Por lo menos comienza por masticar despacio el primer bocado. Lo demás… ¡es ganancia!