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viernes, mayo 19

Sueños para llevar

Rastros perdidos

Me perdí.
Y debo decir que nunca había sido tan feliz. De pronto el mundo se convirtió en una pelota amarilla, donde lo único que me pertenecía era mi propio aliento y mis propios sueños.

¿Pero qué no es así también en la realidad? Yo soy lo único que tengo, ninguna otra cosa ha sido ni será jamás de mi propiedad.

Me perdí anoche mientras dormía, en un cuento perfecto, en la ilusión más azul.Te tenía y yo sonreía.Tenía un futuro compartido entre un  y un yo.Pero hoy desperté y no tengo nada.Entre mis manos no sostengo más que la brisa de un viento cansado que entra por esa ventana cerrada.Olvidé tu sonrisa, tu aroma y tu rostro se me hace borroso.

Pareciera que no pudiera recordar nada en esta habitación vacía llena de silencio, ni siquiera tus ojos.Sin embargo aunque seas una imagen indecisa y escurrida, no olvido cómo latía mi corazón por todo lo que significaba la palabra . No lo olvido porque así late ahora y es ese latido que mantiene mi órgano más vital con vida. Y tengo miedo de que un día olvide cómo latir por ti, porque sé que ese día entonces habrá llegado el fin.No te recuerdo porque no sé cómo abrir los ojos.No camino porque olvidé ponerle aceite a mis pies.Y de pronto soy niño de nuevo, esa niño que le tiene tanto miedo a la oscuridad. Que llora cuando sabe que la van a inyectar y sonríe con la cosa más simple como ver a una libélula brillar.Creo que me perdí. Creo que te perdí.El fantasma de un anciano enamorado me dice al oído que afuera hay un Sol brillante con un camión que me llevará hasta ti.

Y deseo tanto estar soñando, quizás fue una pesadilla al dormir, quizás nunca desperté. Tal vez deba hacerlo ya.Sucedió, o no.En un cuento de hadas o no.En una realidad o no.En la imaginación o no.Donde sea sólo sé que cuando te perdí, yo también me perdí.

viernes, febrero 19

Sueños para llevar

Aquí me tienes



Aquí me tienes,
En otro de esos días donde necesito una taza de café,
Un helado o una buena canción.
Aquí me tienes en esos días donde no se si hacerte eterno con mis
Estúpidas letras,
Donde no se sí te aburre que te escriba, o te fastidia que siempre hable de ti
De lo mucho que me gustas, de lo inmensamente que te quiero o de lo feliz que quisiera hacerte.

Y aquí estoy en esos días donde sé que me veo ridículo aparentando ser un poeta ¡Maldición! Ha sonado esa canción que me hace saber que tengo un nivel inexperto en todo.

¡Me he perdido la canción por el timbre y a la siguiente que suena lo tirare!

Creo que estoy en un viernes donde tengo un delirio de letras y no sé que me causa todo esto.

Soy inexperto en muchas cosas, por eso hago tantas preguntas… pero bueno, dejemos eso por un lado, esto es un “poema” fallido, porque dije que no sabía si hacerte eterno.

Me he perdido en personas que son cosas del pasado, pero yo que he viajado en el espacio y en mis sueños, Termine perdiéndome en ti, en tu mirada, tu sonrisa, tus labios y como no mencionar a tu forma de ser, a la forma en que me haces volverme cuerdo y con una sonrisa volverme a enloquecer. Y es que no eres perfecto, eres Exacto!

Me preocupa demasiado no saber cómo enamorarte, solo soy yo un chico con letras, pensando en ti, en nosotros, en pensar si te enamorarías de mí.


Quiero que leas esta parte detenidamente, “si te enamoras de mi házmelo saber, soy un idiota, pero te digo desde lo más profundo que pueda existir dentro de mí, Te quiero aunque más que claro ya lo tengas. Eres importante y te doy gracias por permitirme pasar de ser un desconocido más a ser alguien que te abrace y te pueda tomar de la mano, pido seas el chico correcto y que sí me lo permites pueda ayudarte a cumplir tus metas, sueños, anhelos y darte un fuerte abrazo cuando eso suceda.”

lunes, noviembre 24

Sueños para llevar

Enfermedad

Te quiero amar despiadadamente, te quiero arrancar de tajo todas las ilusiones; arrugarlas, deformarlas y así como queden, colgarlas en la pared del cuarto donde te voy a pedir que me hagas el amor sin recato. Quiero que las veas todas las mañanas y caigas en cuenta que todo eso que alguna vez soñaste, no se compara con estar juntos, con acompañarnos en lo que es del otro. Con cegarnos al calor de la piel sin más preludio que tu respiración entrecortada mientras miras como me voy quitando para ti el mal día y los prejucios del amor ideal.

Te voy a dejar exhausto de tanto sentimiento, voy a descansar en tu pecho todas las noches que me hiciste falta y te contagiaré la urgencia de volver a vernos apenas pensemos en cerrar los ojos. Voy a mirarte con la luz apagada, voy a aprenderme de memoria esas ganas que siempre tienes de quedarte, y tú me vas a tomar de la mano y me llevarás a esa parte de ti que te da tanto miedo compartir. Voy a lamerte las preocupaciones, vas a cantarle a mis fracasos, vamos a complotear contra la rutina y a romper las reglas de nuestras propias expectativas. Vamos a aprender a llorar las alegrías desde bien adentro, vamos a taparle la boca a las paredes porque esta manera de querernos no deberá saberla nadie.

Voy a besarte de tantas formas que te verás obligado a enamorarte de todas las que soy. Voy a pedirte que te vayas, voy a ir por ti. Voy a hacer que maldigas todas las razones por las que no llegaste antes a mi vida. Voy a escribir sobre ti. Voy a acariciarte con la mirada cada vez que quieras empezar a discutir, voy a evitar las peleas a menos que no tengamos ropa puesta. Voy a dejarte mi aroma en los dedos y mi cadera en el pensamiento, voy a dejarte bien claro que no te prometo más que el día que esté por empezar.

Vas a encontrarme en cada risa escandalosa, vas a hartarte de la música que no escuches a mi lado, y todo lo inolvidable hará referencia a lo nuestro. Vas a dedicarme versos añejos, poesía moderna, frases que leas en cualquier lugar. Vas a abrazar cada momento como si fuera tu última oportunidad de susurrarme una palabra de amor, vas a lamentar no haberme dado un beso más al despedirte, vas a admirarnos en cada milagro cotidiano del que seas testigo, vas a sonreír.

Y te va a doler rico pronunciar mi nombre, y vas a querer que duela más, te va a arder el cuerpo de tanto no tocarme, y sólo al recordar que te estoy esperando, podrás comprender que has encontrado por fin tu lugar en el mundo, un lugar único junto a mí.

Amor, voy a arruinarte. Prometo que voy a arruinarte.

viernes, agosto 8

Sueños para llevar

Síndrome de Estocolmo

Pensé que ya nunca volvería a escribir sobre y para ti, pero hoy vino una de esas noches de las que ya te conté alguna vez y no lo pude evitar. Hoy quiero platicarte cómo me enamoré de ti.

Me enamoré de ti de la misma forma que pasan las cosas que no tienen sentido. Detrás de la necesidad de estar contigo, o con cualquiera, había una soledad amarga y un frío que quemaba todo. Y mientras el caos que era mi vida de soltero me empujaba a seguir un camino cuesta abajo, apareciste tú con una sonrisa predestinada a convertirse en mi guía hacia tu cama.

Nunca he creído en la magia, pero puedo apostar todo lo que tengo a que el tiempo se detenía cuando me veías con esos ojos cafés. “No es que no te ponga atención, es que me perdí escuchando el sonido de tu voz”, recuerdo que te dije alguna vez. Eras la música que tanto buscaba para que ambientara mi vida. Sabía muy bien dónde me estaba metiendo, sabía lo peligroso de enamorarse; lo que ignoraba era hasta qué punto deseaba no encontrar nunca la salida.

Y creo que contigo sufro de El Síndrome de Estocolmo. Un día dejamos de abrazarnos, pero nunca dejé de imaginarme rodeado por tus brazos. Me prohibiste probar de nuevo tus labios, pero con haberlos besado sólo una vez era fácil darse cuenta que todos los demás jamás estarían a su altura. Debí haberte idealizado menos pero se me olvidó voltear a ver mis cicatrices viejas. Aunque nada de eso me importaba en aquellos momentos, yo sólo quería querer y ser querido, y sé que así fue por un tiempo.

Ya no le busco razones a mi tristeza, por eso te sigo buscando intentando justificar porqué ésta no se termina marchando. Pero siempre la conclusión es la misma. Soy yo y mi estúpida manía de saltar a las vías del tren, con la esperanza de que me salve alguien. Pero nunca llega nadie, ni tú. He muerto ya varias veces con cada tren que ha pasado encima y sigo sin aprender.

Pero voy a estar bien, mi amor. Sé que puedo hacerlo bien. Tengo aguante para muchos trenes más. Sé que puedo no volverme a obsesionar con la nada. Sé que ahora puedo terminar las historias antes de empezarlas. Pero ahora, la cuestión es si quiero hacerlo contigo, si quiero volver a repetir todo de nuevo o si quiero arriesgar nuestro tiempo y mi salud intentándolo pero de forma diferente.

Estoy seguro que ya sabes la respuesta. Sólo tienes que recordar cómo te miraban mis ojos la última vez que nos tomamos de la mano.

lunes, agosto 4

Sueños para llevar

Piel amarga.
Caemos en ese viaje de autodestrucción cuando tenemos culpas, o nos queremos muy poco. Auto castigo, ahí vivo yo. Conozco muchas historias, muchos dolores, y todos piensan que no hay herida más grande que la suya. Afortunados somos todos de sufrir un sólo dolor; el nuestro. ¿Qué sería de alguien que cargara los pesares de toda una humanidad?
Y aquí estoy yo, sufriendo por amor, por desencanto, por culpa. Terrible culpa.
Mi nombre no importa, lo que importa es mi dolor. Como a muchos nos ha sucedido, el hombre de mi vida se marchó y desde entonces, ya no sé amar. Lo olvidé, prometí estar con él y le fallé porque se fue, porque no está.
No sé qué hago ahí, en una cama distinta cada noche, sin un hogar, permitiendo ser objeto de todos, complacerles con los ojos cerrados, fingir que me gusta, fingir que creo que un momento así me hará feliz.
Pero no. Sólo termino sintiéndome más vacío, más culpable. Me dicen que quizás busco el amor en brazos equivocados, pero en realidad sólo lo estoy buscando a él en otras personas. Y todo carece de sabor, de sensaciones, de belleza.
Y me pregunto si son sus pieles las que son tan amargas, o es la mía cuyo aroma y sabor se han percudido.


Lo peor, es que ya no puedo buscarlo, ni escucharlo. Me dejó, a mí y a este mundo ese día que volvimos de la playa, después de jurarnos sonrisas eternas. Iba manejando yo, la culpa fue mía, yo sobreviví y él murió.¿Por qué no ardí en llamas junto a él? ¿Será el fuego de esa noche y las cenizas de su cuerpo, que me han dejado la piel amarga?

viernes, febrero 7

Sueños para llevar

Chopin para morir.

Por supuesto que tenía miedo. Pero ¿qué podía hacer? ya estaba ahí. No iba a huir como toda mi vida lo había hecho. Me atreví y la música me ayudó.

Al principio me sudaban las manos, y el latido de mi propio corazón retumbaba en mis oídos, a veces pensaba que iba a causarme sordera. 

Sería mentir, eso de decir que no recuerdo nada, que amanecí con la sangre entre mis manos poseído por alguien que no era yo. A decir verdad, ya lo tenía planeado, y todas las noches cuando él llegaba a casa, sonreía ampliamente pues me lo imaginaba tendido sobre el piso, soltando gritos ahogados. El muy ingenuo creía que le sonreía como muestra de bienvenida. Él también sonreía, y yo siempre fingí que no sabía nada. Sus carcajadas jamás fueron porque se alegrara de que le abriera las puertas de mi recámara una vez más. Le daba gracia pensar que yo no me daba cuenta. Estúpido él. 

Le gustaba Chopin, y sabía que a todos los llevaba a la cama después de su vacío intento de resplandecer ante ellos como intelectual.

Chopin. Así lo quiso él.
Un, dos, tres. Un, dos, tres. Parecía bailar, cuando intentaba alcanzar el cuchillo que le había enterrado en la parte posterior de su abdomen con todas mis fuerzas. Yo tocaba el piano, mis manos parecían moverse por si solas mientras una que otra tecla quedaba manchada de rojo violeta.
La música ahogaba sus quejidos. ¿De qué se quejaba? me pregunto yo, si tuvo todos los hombres que quiso, y murió mientras estos dedos que tantas veces lo acariciaron, tocaban música para él.

Un poco de Chopin para morir. Fui demasiado amable con él.

lunes, octubre 14

Sueños para llevar

Mis ganas
Qué ganas de convertirme en viento, ser ligero y no pesarle a tu mirada.
Ganas de encontrar mi propia valentía, dejar de correr en círculos, creyendo que huyo del destino, que logro burlar su camino, pero al final sólo vuelvo al mismo sitio.
Qué ganas de llorar. ¡Qué malditas ganas de llorar! Ser fuerte todo el tiempo resulta cansado. Déjame ser frágil a tu lado, déjame ser suave entre tus brazos.
Quiero volver a sentirme enamorado, que el corazón se me salga del pecho cuando tus ojos me miren, que mi piel se ponga a temblar cuando a mí te acerques, que mis pies tengan que pararse sobre los tuyos para poder besarte. Déjame quererte.
Deja que el Sol nos despierte, y que desobedezcamos a la Luna cuando a dormir nos mande. Vamos a querernos.
Rompamos reglas juntos.
Qué ganas de beberte la locura, de que me suden las palmas de mis manos, de que mi respiración se agite, y de que me cueste tranquilizar la sonrisa que provocas
Te estoy invitando a un amor sin tiempos, sin títulos, ni etiquetas. Te estoy invitando a ser el protagonista de mis novelas, el culpable de que mis alegrías, el monstruo al que mis miedos le teman.
Qué ganas de que subas la temperatura cuando haga frío, y de que mi boca nunca esté quieta. Quiero encontrar ese punto creativo, que consiga inspirar mi obra maestra.
Te invito a querernos un poco, a jugarle con fuego a la vida.
La mejor historia de todas y que podamos decir ¡qué dicha, esa historia es la mía!

miércoles, octubre 2

Punto Positivo

Peter Pan
Ven conmigo Wendy, ven conmigo a un lugar en el que nunca, nunca tendrás que preocuparte por cosas de adultos otra vez.
Ahí estamos todos, queriendo ser felices pero tropezándonos con nuestras propias acciones y pensamientos que al final de cuentas, son lo único que nos lo impide. Queremos ser felices pero aprendemos a dejar de llorar, a callar y a obedecer. Nos olvidamos de soñar en grande, dejamos de vestirnos de Superman, Spider Man, Batman, Sailor Moon, o un simple Power Ranger y así, dejamos de combatir contra el mal para salvar al mundo. No nos avergonzábamos de nuestros gustos, queríamos algo, lo pedíamos y ya. Cuando algo dolía, llorábamos para desahogarnos y a la hora siguiente, éramos capaces de reír. No nos clavábamos en lo que dolía, lo dejábamos ir porque en la lógica más pura e inocente, aquello se interponía en la relación yo-felicidad.
¿Y ahora?
¿Cuántas veces no vamos por ahí recordando una y otra vez, una y otra vez aquello que nos lastima? ¿Cuántas veces no guardamos todo aquello que al final termina por resultarnos pesado?
Vamos acumulando tantas cosas, y el equipaje es tan grande, que dejamos de ser ligeros. Y para volar, es preciso ser ligero.
Peter PanCrecer no debería de ser sinónimo de dejar de ser niño. De hecho estoy convencido de que son los niños los más grandes en el mundo. ¿Pero cuándo se deja de ser niño? ¿Cómo saber si nos estamos alejando de esa niñez?
Muy simple.
1. Cuando escuchamos lo que dicen los demás, y no lo que nos dicen nuestros propios deseos.
2. Cuando dejamos de creer que las cosas son posibles.
3. Cuando nuestros problemas son más grandes que nuestra imaginación.
4. Cuando dejamos de pedir con fuerzas aquello con que verdad queremos.
5. Cuando las normas sociales se sobreponen a nuestros instintos.
Y es que, si me lo preguntan, sí hay una fórmula para ser feliz, la descubrió J.M. Barrie y es precisamente Peter Pan, es decir, nunca dejar de ser niño.

lunes, septiembre 30

Sueños para llevar

Fragmentos
Nos hemos perdido, pero aún recuerdo el mundo. Te recuerdo a ti, aunque jamás te haya conocido.Recuerdo tantas cosas…
Aquella sonrisa que le negaste a tu madre porque te enfadaste con ella, ¿la razón? ¿qué más da?. Ya no importa.
Cuando quisiste decir Te Amo porque el sentimiento quemaba desde el pecho, pero callaste; viéndole partir.
El momento que nunca existió donde caminabas bajo la lluvia, sólo por la fuerte tendencia que tenemos de huir.
La lágrima que te reprimiste o la carcajada que ahogaste.
Cuando gritaste en vez de escuchar, y cuando callaste en vez de gritar.
El día en el que decidiste que tu sueño y anhelo de vida no era tan viable y preferiste irte por otro camino, más sencillo; después de todo qué importa, tampoco está tan mal.
El momento en el que te engañaste creyendo que estabas bien en ese lugar, pero deseabas estar en otro.
El beso que no le diste porque qué iba a pensar de ti.
La vez que quisiste cantar en voz alta a media calle, pero no lo hiciste porque la gente se burlaría de ti.
Cuando preferiste alejarte en vez de pedir perdón.
Ese día que no luchaste porque no valía la pena.
El delicioso antojo que no comiste porque ibas a engordar.
Cuando fuiste inmune a una sonrisa, cuando fuiste insensible a una caricia.
Cuando te ofendiste en vez de ignorar un insulto.
El abrazo que no diste por miedo a que no te fueran a corresponder.
Las palabras que callaste en vez de darles sonido y decirlas a quien debiste.
La carta que jamás entregaste.
Esa vez que te levantaste temprano y no te detuviste a observar el amanecer.
Todos esos momentos, son fragmentos de vida, fragmentos perdidos de nosotros mismos que dejamos escapar hasta deajarnos vacíos, fragmentos que se desvanecen con el tiempo, que contaminan nuestro viento, y nos ahogan los pulmones, las ganas de respirar, llenando nuestro entorno de amargura y miseria. Esta es la única vida que tenemos para bailar.
Aún me acuerdo del mundo, ese bello mundo lleno de colores que se fue marchitando conforme su gente se iba olvidando de vivir…

lunes, julio 1

Sueños para llevar

Enfréntame
¿Y qué si me ahoga tu última respiración? ¿Qué más da si mi propio aliento me quema?
¿Acaso estás tan ciego como para no mirarme?
¿O soy yo el mudo que simplemente no se atreve a hablarte?
Observo tu espalda. Caminas y no pretendes detenerte. No pienso arrancarte la piel, ni destrozar tus mentiras.
Creo que nunca has sabido encontrar la salida. Ni yo.
No soy quién para invitarte a pecar.
No soy quién para ayudarte a olvidar.
¿Te das cuenta de que esta historia no tiene final?
Ni si quiera el principio ha sido real.
Vienes, corres, te vas, no vuelves, pero regresas.
Me quedo, te espero, me canso y me voy.
Escucha mi risa, es lo más cercano a una canción que puedo componerte. Observa mis pasos, es lo más lejano a un baile que intento enseñarte.
Mírame, maldita sea, mírame. 
Por una vez quédate y en verdad, permanece conmigo.
Sólo una vez cierra los ojos, destapa tus oídos.
Escucha el latido. Te dice te quiero, lo admito.
¿Por qué te cruzas de brazos como si tuvieras frío?
Acércate y siente que la única nieve son tus propios aullidos.
Deja de gritarme en la cara que de amor no sientes, entiende que ya no pienso creerte.
Si vas a decirme que no me quieres, dilo enserio. Si vas a irte entonces ¿a qué has venido?
Dime que no te importo. Hazlo. Atrévete después de besarme.
Ven y baila conmigo, muerde mi cuello y conozcamos la noche.
Después soy todo oídos. Adelante, dime que no me quieres.
Enfréntame. Esta vez de verdad. O aléjate. Esta vez sin regresar.

lunes, junio 24

Sueños para llevar

Palabras de amor

Mientras el sol siga quemando los días, y la noche siga pintándonos de sueño. Mientras las estrellas nos parezcan lejanas y la luna juegue al escondite, yo estaré aquí. Mientras los niños sigan naciendo inocentes y los amores rotos sigan causando dolor. Mientras los pájaros sigan tarareando canciones, yo estaré aquí.


Y quizás no sepa lo que es una promesa, ni tenga idea de cómo hacer a los días cantar, quizás no sepa de qué se trate esta vida, ni cómo la misma vaya a terminar. Pero estoy aquí.
Aquí estoy porque tus silencios y sonidos en forma de risa alumbran mi ser, porque quererte es algo de lo que sí he escuchado hablar, los latidos dentro de mí me cuentan que aprendí a sentir. Aprendí a amar.


Me enseñas a caminar, a brincar sobre los charcos y alcanzar las nubes de pronto. Pincharlas con el dedo índice y conseguir que el cielo se caiga sobre nosotros. La lluvia nos baila, eso es. Es un escenario para los dos. Y soy yo quien camina y recorre tu esencia, soy yo el primero en mirarte al despertar. El que brilla cuando lo acaricias, el que se marchita cuando te vas. Estoy aquí porque decidiste quedarte, estoy porque decidí que eres mi lugar, porque cada café por la mañana no es lo mismo si tu sonrisa no está. 


Mientras los árboles sigan cambiando de color en otoño, y el mar continúe haciendo a las olas al bailar. Mientras los gatos sigan cayendo de pie, yo aquí voy a estar. Mientras el viento siga silbando y las películas tengan créditos al final. Mientras se sigan tocando los pianos, mi amor, yo aquí voy a estar.


Quizás no sepa cuánto dure la vida, ni cómo al tiempo es que le gusta andar, quizás ignore un montón de cosas perdidas, que nunca nadie ha sabido encontrar. Y tal vez no sepa nada, y puede que olvide cómo bailar, pero mientras el mundo siga girando, mientras vivamos dentro de él, cariño, yo aquí voy a estar.

lunes, abril 15

Sueños para llevar

Tu otro tú.
Soy el día que nunca se apaga;

que siempre trabaja y nunca se cansa;

el día que hace tus días, la vida que cura heridas.



Soy la noche que nunca anochece;

que te cubre y te mira sin mirarte;

que se alimenta de insomnios y duerme con demonios;

la noche que siempre espera. Paciente. Serena.



Soy la canción que me lleva hacia ti;

que nunca se olvida, nunca termina.

Siempre con ritmo, con latidos, sin abismos;

La canción corta pero eterna. Completa. Me complementas.



También soy el aire que corre, golpea, te eleva, tumba y nos junta;

El aire que se lleva los miedos y trae deseos;

El aire que, más que aire, es tu presente.



Soy la poesía que no está escrita.

La rima que te anima;

El verso que te besa;

Las letras que te alteran y la hoja que te espera.



Soy el recuerdo que me hace cuerdo;

El pasado tan presente;

El futuro que no llega.

Pero sobre todo y contra todo, soy yo, tu otro tú.

lunes, marzo 18

Sueños para llevar

Un adiós que duela
Me alejaré y dejarás de besarme. Tus dientes se irán cayendo uno a uno, mientras yo me voy arrancando tus recuerdos. Vas a querer correr muy rápido y tus latidos se harán lentos. No podrás alcanzarme y yo jamás podré volver a mirarte.
Serán de esos pequeños hechos casi imposibles que se borrarán con el agua del tiempo.
Respirarás. ¿Qué otra cosa puedes hacer? Ya no quedará nada.
Encontrarás mi ropa rota al pie de tu cama pues yo podré caminar desnudo bajo una sombrilla, siendo invisible ante la gente. Nadie me verá, nadie más que aquel par de personas que se atrevan a abrir sus ojos. Pero tú, te quedarás ciego. ¿O es que no lo estás ya? Te sangrarán las pupilas al intentar mirar la silueta del amor desvanecido que jamás volverá.
Dolerá.
Asfixiará.
Si sobrevives o no dependerá de ti y de qué tanto aprendas a acariciar. ¿Estás listo? Ahora te voy a dar un abrazo y te daré la llave del único lugar en el que me podrás guardar; el olvido.


Tomado de Solo un recuerdo http://perfecta-imperfexion.blogspot.mx/2012/02/me-alejo.html

martes, marzo 5

Sueños para llevar

Cosas.

Yo no pienso cosas que no son, precisamente por eso estoy donde estoy, porque pienso lo que es. Fuera de asustarme al ver un poco la sombra de mis lentes cuando quieren empañarse, siento alivio: estoy vivo.

Un día prometí no volver a pasar por lo mismo, efectivamente, no eres lo mismo, pero ¡ah! como se siente igual este nudo. Podrá ser corta mi edad, pero todos los desenlaces, capítulos truncos, paréntesis sin cerrar y párrafos sin punto y aparte, tienen el mismo sabor… saben a mí, sí, desvelado, leyendo y escribiendo para ventilar mi propia mente.

Todo esto me hace pensar que tal vez no sea una persona normal, bueno, el tiempo para mí, tal vez sea relativo, vivo en un desfase constante: amo primero, quiero después, extraño siempre y olvido nunca.

lunes, febrero 18

Sueños para llevar

¿Qué harás hoy?

¿Qué harás hoy mi amor?

¿Qué harás aparte de no pensar en mí? Aparte de ir por la vida marcando tus pasos, en vez de marcar tus besos en mi cuerpo.

¿Qué harás aparte de olvidarme cada vez un poco más? Aparte de dejarme aquí con los ojos cerrados esperando recordar cada poro de ti, recordando cada beso que nos dimos y seguro tú ya dejaste en el olvido.

Cada facción de tu cara en mi mente, me hace sentirte aquí… cada minuto lejos, me hace desearte más.

¿Qué harás esta mañana? ¿qué harás esta tarde? ¿qué harás esta noche? Todo es diferente ahora para mí.

Qué importa qué harás hoy, lo único que sé es que te extraño. Te extraño, extraño.

miércoles, febrero 6

Sueños para llevar


¡Advertencia!

    Advertencia Listo
Hola, ¿sabes? He escogido este momento para ser inoportuno. Hoy quisiera tener un teclado mágico que me ayudara a encontrar las palabras que te sorprendan, que casi te hagan sentir ganas de echarte a reír, pero de una vez TE ADVIERTO que esto se puede tornar un poco cursi, así que podrías detenerte aquí.
Últimamente me estaba volviendo loco tratando de darle sentido y significado a todo lo que hago, pero ya he decidido darle vacaciones a mi delirio. Y tratando de escarbar entre tanto archivo en mi cabeza, entre la cantidad enorme de detalles que almacenamos en la mente, no logro recordar exactamente cómo y cuándo fue que llegamos a ser amigos y es que una no guarda eso en el archivo de cosas a recordar para el futuro. Tal vez no hubo una fecha, tal vez sí. Y es que hay cosas así: espontáneas, súbitas y estocásticas.
Es agradable poder mirarte a los ojos y saber que entre tú y yo no hay secretos. Es una sensación difícil de explicar. Sé que te pongo tantas veces entre la espada y la pared, que consigo hacerte desesperar, lo sé. Y es que mi torpeza es tanta que no lo logro ver.
Eres el único que sabe lo pequeño que me siento en realidad. Has estado en los momentos en que me siento más miserable y en las batallas que he tenido que luchar. 
Me haces llorar tan a menudo, pero sé que realmente te preocupas por mí. Sé que me vigilas de cerca y yo trato de velar también por ti. ¡No te vayas lejos, sigue aquí!
Sé que a veces soy frío, ácido e hiriente y pido perdón por ser ignorante a veces y no darme cuenta de que eres una de las personas más generosas que conozco.
Has pasado madrugadas conmigo escuchándome, leyéndome o confesándome. Me has mostrado tus miedos solamente para demostrarme que comprendes los míos, incluso sabes lo que quiero decir cuando callo. Hasta conoces las mentiras que disfrazo en cada frase cuando bromeo y también sabes cuando tienes que tomarme en serio.
Las ocasiones en que me has visto llorar, me preguntas cómo son las sensaciones en el estómago, cuando alguien que no me conoce solamente se limitaría a preguntar el porqué de las lágrimas. Yo también te he visto llorar y esconderte y es ahí cuando me doy cuenta de que en eso me parezco mucho a ti. Sabes esperar pacientemente y hasta me regalas una sonrisa cuando no tiene sentido aparentar que todo está bien, sobre todo cuando se apodera de mí la loca idea de alejarme de ti.
Por momentos, hasta me enfurece que sepas ver a través de mí, pero sé que no necesito huír, ni correr, ni escorderme de ti.
TE ADVERTÍ que podía pasar, yo solamente quería salvarte de mí.
[Todos tenemos un amigo, un mejor amigo. Hace un par de meses escribí esto por él y para él.]

lunes, enero 28

Sueños para llevar

Tanto tú.
Hay personas que por el simple hecho de existir, no queda otra más que amarles. Como el, que al no saber lo perfecto que era, la hacía aún más hermoso. Aquí voy de nuevo, haciendo como que no, cuando en realidad es más que un sí. Un día cualquiera, quizá era martes o quizá fue un jueves, no lo recuerdo. Lo que sí recuerdo son los aplausos que te di por entrar en mi vida. Claro, eso tú no lo sabes, pero entraste. Enciendo un cigarrillo, más que por vicio por ansiedad. Ansiedad de verte, de escucharte, de unir todos y cada uno de tus lunares con mi lengua. Ansiedad de tus manos con las mías, de tu cuello sobre mi cuerpo, del qué seremos y del qué pasará. Ansiedad de ti, siempre de ti. Soy tan tuyo como los minutos del tiempo, la arena del mar y la duda de lo incierto. Eres tan mío que al amor lo nombro después de ti. Eres mi espejo.
dos—Hola —.me dijo. Y fue entonces que supe con quien quería aprovechar mis noches y mis almohadas. Lo maravilloso que puede llegar a ser un simple «hola»,  te destruye o te construye y, para mala suerte de muchos, las dos. Me aventuro por mí y por ti. Me aventuro por los dos. Tengo miedo de que te des cuenta de lo hermoso que eres y entonces no voltees nunca más a mí. Aquí hay espacio para dos, tres y hasta cinco, tomando en cuenta nuestros miedos y traumas, pero algo sí te prometo, juro pelear contra todos los monstruos que guardas por debajo de la cama.
Me gusta pensar que cuando te pienso me piensas. También me gusta que te guste lo mucho que me gustas, así cómo también,  me gustas por ser imperfectamente perfecto para mí. Quiero visitar todas las ciudades del mundo, pero todas las encuentro en tus piernas. Quiero componerte cientos de canciones, pero las mejores canciones siempre son mis silencios. Quiero quererte y que me quieras como quiero y, entonces, querernos como nunca nadie nos ha querido. Tu sonrisa es un buen lugar para vivir. Tu boca es un buen lugar para caer. Tu cuerpo es un buen lugar para aterrizar. Firme. De golpe y sin regreso. No te estaba buscando, pero te encontré. Dejarte ir sería el peor de los pecados. Contigo he visitado ese cielo que prometen muchos, he parado el tiempo con una sola sonrisa, he sentido lo que hace tiempo no sentía. Quédate conmigo, yo me quedé contigo desde antes de conocerte. Quédate conmigo, aquí en mi futuro. Quédate cómo quieras, pero quédate. Y si te vas, llévame contigo, a donde sea, con quien sea, pero contigo.
Hay personas que cuando hablan dan ganas de cerrar los ojos para escucharles por siempre. Hay personas que cuando sonríen dan ganas de tomarles la mano y hacerles un futuro y, claro también, hay personas que por el simple hecho de existir, no queda otra más que amarles. Tú eres esa y todas las personas.

lunes, enero 21

Sueños para llevar


Hacer que suceda


Abrir el cajón, vaciar el cajón, limpiar el cajón, volver a empezar.
 Otro año de levantarme descalzo y sentir la duela fría, de bajar a no desayunar y subir mis expectativas. Otro año de ver el reloj y recordar que lo adelanté diez minutos para que no sirva de nada, de no saber combinar mi ropa y salir faltándome todo menos los audífonos y la canción al azar que siempre resulta ser perfecta. Otro año de sonreír porque es lo que me sale mejor, de sorprenderme porque las nubes ya nunca tienen forma pero así me gustan más, de perder cosas en los viajes largos, de escribir para calmar demonios, de dormir pensando en nadie.
Pero para variar, podría no levantarme descalzo, desayunar algo, salir a tiempo de casa y escucharme cantar una melodía que me recuerde a ti. Podría inventarle formas a las nubes, para que no las encuentres y mejor me abraces fuerte y me dé por sonreír. Podría leerte, escribirte,  dormir contigo y soñar en ti.
Sí, que este año sea de riesgos. O sea de amor, o sea de entrega, o sea de ti. Que me hagan reír tus peores chistes, que alivies mis pies fríos con palabras queditas, que me den ganas de cocinar y resulte lamentable y te burles de mí con un beso en la frente,  que la cama no alcance y nos bajemos a la alfombra y nos subamos al sillón, que le tome fotos a todas tus caras graciosas, o de indiferencia, o de placer, que me aprenda de memoria tus anécdotas y te pida que me las vuelvas a contar, que me digas “esto no lo sabe nadie” y yo guarde el secreto donde va lo que no se olvida. Que me tomes de la mano y a mí se me olvide el nombre, la fecha, o el suéter por si llueve. Que confíes en mí como yo confío en ti, porque estando juntos nos da por pensar que somos lo mejor nos hemos permitido que suceda, y al no tenernos, sabemos que no hay mejor futuro inmediato que volver a escucharnos reír.
Que me quieras, que te cuide, pero sobretodo que dure.
Si no en el tiempo, sí en los recuerdos; en el palpitar peculiar de los corazones cuando volvamos a algún lugar, en el nudo en la garganta que no querremos deshacer al escuchar una canción, en las madrugadas primeras de cada mes que te recuerden que algún día me llevaste a casa y no había luna, en los cuentos que nunca fuimos y las decisiones que no hacen arrepentir. Y en los momentos eternos que eran un minuto, porque la noción se perdía, el presente se abrazaba y nosotros sólo queríamos seguir besándonos con la luz apagada.

jueves, diciembre 13

Sueños para llevar

Punto Muerto

Lo siento amor, es este ánimo gris que me envuelve y me esconde de todo lo que podría sacarme a flote. Estos ojos que no te han llorado, pues no saben por dónde empezar.

¿Te acuerdas de la casa blanca con tantas ventanas y tanta luz? El labrador, el gran jardín, los tulipanes amarillos ¿los recuerdas? Los puedo sentir, punzantes bajo mis talones, haciéndome caer sin dejar de estar de pie, impidiéndome avanzar a pesar de sentir cómo el aire va cortándome la piel.

Me dueles, entraña a entraña intentan sublevarse a tu conformismo, muy dentro de mí. Pero es imposible, las siento batallar febrilmente sólo para caer vencidas, haciéndome ahogar en un grito tu nombre, cuando sigues desapareciendo, cuando las huellas de tu ausencia resultan cada vez más nítidas sobre el estigma que dejaste en mi piel.

¿En qué momento de esta historia es que tú decidías quedarte atrás; no huir, no acompañarte de otro cuerpo, sólo soltar mi mano e interrumpir tu caminar?

Me tropiezo constantemente con pedacitos de nuestras benévolas ambiciones, dibujadas en cada sonrisa enamorada que no es la tuya y corro a coleccionar maldiciones que no te mereces, tratando de hallar la clave de esta mediocridad que te endulzó el oído y te convenció de traicionar los sueños del “nosotros”.

Tomándome esta taza de café, le he cedido mi silla a una imagen que me crispa los nervios: Eres tú sentado en el perfecto asiento de mi decepción, riéndote estridentemente del insoportable mañana que yo tanto anhelaba. En una mano sostienes un reloj que avanza demasiado rápido como para llegar a hacer todo lo que se tenía planeado, y tirado en el suelo, el libro que te regalé y jamás hiciste por leer.

Me pregunto si aún recuerdas el dulce sabor de cada paso que dábamos juntos, el llanto catártico no tarda en llegar y algo me dice que ya va siendo hora de que pierda los estribos con algún recuerdo que me faltó por guardar. Sin embargo, el martes pasado decidí acabar con esta anemia sentimental, tres días más para lamentar lo inevitable y después de eso, me inventaré otros rumbos, unos muy míos y para mí. Unos que ni te atreverías a emprender.

Hoy me desperté a tiempo para olvidarte. Es viernes ya.

lunes, diciembre 10

Sueños para llevar


Creía saber de ti. Casi podía tocar el momento en que te acercarías a preguntar mi nombre. Estuve a nada de saborear el roce de tu mano, con la que tan anticuadamente me invitarías a bailar. Y por un segundo, creí haber vivido ese aroma que iba dejando tu mirada al pasar.
Sin embargo, alguien más me nombró en tu presencia, tú no supiste cómo llamarme y resultó que tampoco te gustaba bailar. Me seguía quedando el fresco de tus ojos, que eran desaire y disfrutaban de ser enigma. Caminaba al unísono con el resonar reservado de tus pasos, siempre a un lado tuyo, siempre con ganas de gritarte mis ansias.
De confesarte, arrullarte, desvestirte y aprehenderte. De aprenderte.
¿Se prepara un discurso o se espera a que las bocas se encuentren para así besarse todas las promesas?
Porque de tener que hablar, temo decirte que por primera vez no me sudan las manos. Mis ojos brillan más que al llorar, mi corazón late más fuerte que cuando fue decepcionado y mi cabello jamás se ha visto más enamorable.
Intruso, soy el de las fijaciones ridículas. El que siempre tropieza al caminar y cada mañana garabatea lo que le hubiera encantado ver en sus sueños. Vine a presumirte lo bonito que me veo cuando te escucho hablar, vine a invitarte un traguito de mi locura, para que te embriagues de inmediato con lo que podríamos aventurarnos a hacer si me tomas de la mano.
Lo que sucede es que esta luz es demasiado penetrante en mis adentros, y desde el lado izquierdo de mi dicha, se produce esta melodía hermosa que evoca una libertad que te quiero compartir. Lo que sucede es que he perdido el temor, y si la electricidad en mis labios provocada por tu cercanía, no se equivoca, quiero que sepas que esta sonrisa es advertencia, júbilo y verdad.
Estoy listo.